Según una encuesta de Bumeran, el 73% de los empleados agota sus ingresos en las primeras dos semanas del mes. El endeudamiento trepó al 77% y el ahorro se transformó en un fenómeno marginal.
Los datos recopilados exponen que la pérdida acumulada de los últimos años generó un piso muy difícil de remontar para los ingresos fijos, provocando un descalce entre la baja de la inflación y la experiencia cotidiana de la calle.
1. Salarios de dos semanas y el destino del gasto
El termómetro más claro de la crisis de consumo es el tiempo de supervivencia que otorga el salario una vez depositado:
- Corto alcance: El 73% de los trabajadores confiesa que su sueldo no llega a durar más de 15 días.
- Efecto «cero»: Casi 3 de cada 10 empleados (28%) reconocen que apenas perciben sus haberes deben destinar el 100% de los mismos al pago inmediato de cuentas y obligaciones de arrastre. Solo un marginal 9% logra estirar el dinero hasta el último día del mes.
- La escala de prioridades: El pago del alquiler consolidó su posición como el principal drenaje de fondos (44%), relegando a los alimentos al segundo lugar (27%) y al cumplimiento de deudas al tercero (16%).
2. El salto en la percepción del deterioro
La comparación interanual con los datos recogidos en 2025 demuestra que el malestar y la vulnerabilidad económica se expandieron hacia nuevos sectores laborales:
| Indicador de Vulnerabilidad | Registro 2025 | Registro Mayo 2026 | Impacto |
| Sienten que su poder adquisitivo empeoró | 58% | 74% | Un salto de 16 puntos en solo un año. |
| Consideran que el sueldo no cubre lo básico | 85% | 87% | Prácticamente unánime; solo el 13% está conforme. |
| Tienen algún tipo de deuda activa | 72% | 77% | Creció el financiamiento para gastos corrientes. |
3. El ahorro inexistente y el peso de las deudas
Para el 90% de los encuestados el ahorro quedó completamente fuera de agenda. Quienes integran el selecto 10% que todavía guarda un excedente, apenas logran retener entre el 5% y el 10% de sus ingresos. Entre las herramientas elegidas por los ahorristas locales, los fondos de inversión (30%) lideran las preferencias en la región, seguidos por la clásica compra de dólares (16%).
Ante un hipotético aumento de sueldo, la prioridad número uno del trabajador promedio ya no es consumir o ahorrar, sino desendeudarse: el 46% usaría el dinero extra para cancelar pasivos, el 22% intentaría ahorrar y solo el 15% lo volcaría a consumo corriente. A este panorama se suma un fuerte factor de solidaridad familiar: la mitad de los trabajadores (50%) debe asistir económicamente a parientes o allegados en este contexto.
Federico Barni (CEO de Bumeran): “La desaceleración de la inflación no implica automáticamente una recuperación del salario real. Después de varios años de pérdida acumulada, las personas siguen destinando gran parte de sus ingresos a necesidades básicas. Hoy el desafío ya no pasa solamente por ‘ganarle a la inflación’, sino por reconstruir capacidad de consumo y previsibilidad”.


