Dormir con calor: qué efectos puede tener sobre el sueño y cuál es la temperatura recomendada

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Las noches con temperaturas elevadas pueden dificultar el descanso y obligar al organismo a mantener mecanismos de regulación térmica mientras debería recuperarse. Un cardiólogo de la Universidad Johns Hopkins explicó qué ocurre cuando el dormitorio permanece demasiado cálido y por qué las noches calurosas son un problema cada vez más estudiado.

El calor durante la noche no solo puede resultar incómodo: también puede afectar la calidad del sueño y la capacidad del organismo para recuperarse. En un contexto de aumento de las temperaturas nocturnas asociado al cambio climático, distintos especialistas comenzaron a prestar mayor atención a lo que ocurre cuando el cuerpo no logra enfriarse adecuadamente durante las horas de descanso.

El cardiólogo Oscar Cingolani, de la Universidad Johns Hopkins, explicó que dormir en ambientes con temperaturas superiores a 22-24 °C puede reducir la cantidad y calidad del sueño, provocar interrupciones durante la noche y alterar el proceso natural de enfriamiento corporal.

Qué ocurre en el organismo cuando hace demasiado calor

Durante el sueño, el cuerpo atraviesa distintos procesos destinados a la recuperación después de la actividad realizada durante el día. Entre ellos se encuentra una disminución de la temperatura corporal.

Cuando el ambiente permanece demasiado caliente, ese mecanismo puede verse dificultado.

Según Cingolani, por encima de los 24 °C aumenta la frecuencia cardíaca y se produce vasodilatación, respuestas que permiten al organismo intentar liberar el calor acumulado.

A esto se suma una mayor fragmentación del sueño. De acuerdo con la explicación del especialista, las altas temperaturas también pueden interferir en la secreción de melatonina, hormona vinculada con la regulación del ciclo sueño-vigilia.

La combinación de calor, menor calidad del descanso y pérdida de líquidos puede incrementar la exigencia fisiológica sobre el organismo.

Por qué las noches calurosas son un problema creciente

Durante mucho tiempo, las alertas por temperaturas extremas estuvieron concentradas principalmente en las horas de mayor exposición solar. Sin embargo, las noches también comenzaron a adquirir relevancia.

El problema aparece cuando la temperatura no desciende lo suficiente después de la puesta del sol. En esos casos, las viviendas acumulan el calor del día y el organismo tampoco encuentra las condiciones necesarias para reducir su temperatura durante el descanso.

Las ciudades pueden experimentar este fenómeno con mayor intensidad debido a la acumulación de calor en edificios, calles y otras superficies.

El impacto, además, no es igual para todas las personas. Las condiciones de la vivienda, la posibilidad de utilizar sistemas de refrigeración, la edad y el estado general de salud pueden modificar la forma en que cada organismo enfrenta una noche calurosa.

El sueño también necesita una etapa de enfriamiento

Dormir no significa simplemente permanecer inmóvil durante varias horas. Mientras una persona descansa, el organismo continúa desarrollando procesos hormonales, metabólicos y fisiológicos fundamentales.

Para que ese ciclo se produzca adecuadamente, el cuerpo necesita reducir su temperatura central.

Por eso, cuando el dormitorio permanece demasiado caliente, el organismo debe continuar utilizando mecanismos destinados a disipar el calor en lugar de concentrarse exclusivamente en la recuperación.

El resultado puede ser un sueño más superficial, interrupciones frecuentes y una sensación de cansancio al día siguiente.

Qué temperatura conviene mantener durante la noche

A partir de la explicación del especialista, el rango de 22 a 24 °C aparece como una referencia para evitar que el exceso de calor interfiera con el descanso.

No obstante, la temperatura ideal puede variar según cada persona, la humedad, la ropa de cama, la ventilación y las características del ambiente.

Más allá del número exacto, el objetivo es que el dormitorio permita que el cuerpo pierda calor de manera progresiva y pueda mantener un sueño continuo.

En épocas de altas temperaturas también resulta importante mantener una adecuada hidratación y prestar especial atención a bebés, personas mayores y quienes presentan enfermedades cardiovasculares u otras condiciones que puedan aumentar la vulnerabilidad frente al calor.

El desafío de las noches que ya no refrescan

El aumento de las temperaturas nocturnas plantea un desafío que va más allá de la comodidad. Si durante el día se registran temperaturas elevadas y durante la noche el descenso es insuficiente, el organismo puede quedar expuesto al calor durante períodos prolongados, sin una pausa adecuada para recuperarse.

Por eso, los especialistas comienzan a considerar el calor nocturno como una dimensión propia del impacto sanitario de las altas temperaturas.

El problema no termina cuando cae el sol: para descansar bien, el cuerpo también necesita encontrar durante la noche las condiciones térmicas que le permitan enfriarse y recuperarse.

Fuente: Infobae.

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