China reconoce los riesgos de la IA, pero no quiere frenar la carrera tecnológica con Estados Unidos

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Pekín busca mantener el desarrollo de la inteligencia artificial como motor económico y tecnológico, mientras impulsa regulaciones para limitar sus riesgos. La competencia estratégica con Washington dificulta un eventual acuerdo para desacelerar la industria.

China reconoce que la expansión de la inteligencia artificial (IA) plantea riesgos para la sociedad, pero su estrategia no contempla desacelerar el desarrollo de la tecnología. El Gobierno de Xi Jinping apuesta por avanzar en su aplicación en sectores como la industria, la agricultura, la salud y el ámbito militar, al mismo tiempo que busca mantenerla bajo supervisión y regulación estatal.

La posición de Pekín se desarrolla además en un contexto de creciente competencia tecnológica con Estados Unidos, que dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos amplios sobre los límites al desarrollo de sistemas de IA cada vez más avanzados.

Una IA bajo control humano

Las autoridades chinas vienen planteando desde hace años preocupaciones relacionadas con el uso de la inteligencia artificial. Entre los riesgos señalados aparecen cuestiones vinculadas con la privacidad, la estabilidad social y las relaciones internacionales.

En los últimos años, China implementó distintas regulaciones sobre la tecnología. Entre ellas, estableció requisitos para identificar contenidos generados por IA en redes sociales, restringió determinados usos de parejas virtuales para menores y fijó límites para la utilización de deepfakes con fines de desinformación.

Xi Jinping también sostuvo que la tecnología debe permanecer “siempre bajo control humano”.

En septiembre, la Administración del Ciberespacio de China volvió a advertir sobre la necesidad de establecer políticas preventivas para evitar que la IA pueda generar riesgos para la humanidad.

Sin embargo, el enfoque chino plantea esos riesgos como problemas que pueden ser gestionados mediante regulación y supervisión, sin considerar que la respuesta deba ser detener el avance tecnológico.

Tecnología como motor económico

La estrategia también responde a una cuestión económica. Pekín considera que la inteligencia artificial puede convertirse en un importante motor de productividad y crecimiento, particularmente frente a los desafíos que enfrenta la economía china.

Empresas como Tencent, Alibaba, Baidu y ByteDance desarrollan modelos de inteligencia artificial, mientras que compañías más recientes como DeepSeek, MiniMax, Moonshot AI, Z.ai y 01.AI buscan avanzar en el desarrollo de sistemas cada vez más sofisticados.

El objetivo del Gobierno es combinar el impulso a esa industria con mecanismos destinados a controlar sus posibles efectos negativos.

En este punto aparece una diferencia con parte del debate que se desarrolla en Estados Unidos. Mientras algunos referentes tecnológicos estadounidenses alertan sobre escenarios de pérdida de control frente a modelos futuros, China concentra buena parte de su regulación en cuestiones como el uso indebido de la tecnología, la supervisión y sus consecuencias sociales.

La competencia con Estados Unidos

La discusión sobre los riesgos de la IA está atravesada por la disputa tecnológica entre Washington y Pekín.

El presidente estadounidense, Donald Trump, presentó en distintas oportunidades el desarrollo de la inteligencia artificial como una competencia estratégica entre ambos países. Desde China, en tanto, funcionarios y especialistas también consideran a la IA como un nuevo escenario de rivalidad entre grandes potencias.

Ese contexto genera desconfianza frente a los pedidos para limitar o desacelerar el desarrollo tecnológico chino. Desde Pekín, determinadas propuestas estadounidenses son interpretadas no solamente como medidas vinculadas con la seguridad de la IA, sino también como parte de la disputa por el liderazgo tecnológico.

La situación se volvió más evidente a partir de las declaraciones de referentes de la industria estadounidense como Dario Amodei, CEO de Anthropic, quien planteó preocupaciones sobre el ritmo de desarrollo de modelos avanzados. Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk también expresaron advertencias sobre distintos riesgos asociados a la evolución de la tecnología.

Los límites de una posible cooperación

A pesar de las diferencias, existen áreas en las que Estados Unidos y China podrían encontrar puntos de cooperación, especialmente en relación con usos concretos de la inteligencia artificial.

Entre los posibles ámbitos de entendimiento aparecen la utilización de IA por actores no estatales y los ciberataques contra infraestructuras críticas facilitados por sistemas de inteligencia artificial.

El principal desafío surge cuando la discusión deja de centrarse en regular determinados usos y pasa a plantear límites al desarrollo de los propios modelos.

En ese escenario, China busca mantener el avance de la inteligencia artificial, pero bajo un esquema de regulación y control estatal. La competencia con Estados Unidos, mientras tanto, aparece como uno de los principales factores que condicionan cualquier debate internacional sobre la posibilidad de establecer límites comunes a la tecnología.

Fuente: Ámbito Financiero

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