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miércoles 27 mayo 2026

“Eso no me gusta”: cómo combatir la selectividad alimentaria y evitar déficits nutricionales en los chicos

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Especialistas advierten que comer siempre los mismos alimentos puede afectar el crecimiento y desarrollo infantil. Qué estrategias recomiendan para ampliar la variedad sin presiones ni conflictos.

Es muy común que los chicos rechacen ciertos alimentos y elijan comer siempre lo mismo. Sin embargo, detrás de esa aparente “maña” puede esconderse un problema nutricional importante: aunque un niño coma suficiente cantidad, una dieta poco variada puede generar déficits de nutrientes esenciales y afectar su crecimiento y desarrollo.

Especialistas explican que muchos niños basan su alimentación en un grupo reducido de comidas como fideos, milanesas, galletitas o lácteos, lo que limita el aporte de hierro, calcio, proteínas, vitamina B12 y otros nutrientes fundamentales.

“La selectividad alimentaria no siempre responde a caprichos. Muchas veces está relacionada con factores biológicos, sensoriales y conductuales propios del desarrollo”, explicó la nutricionista infantil Lucía De Nobili.

Entre las causas más frecuentes aparece la neofobia alimentaria, es decir, el rechazo a alimentos nuevos, algo habitual entre los 2 y 6 años. También influyen las preferencias por determinadas texturas, colores o temperaturas, además de hábitos familiares que refuerzan la monotonía alimentaria.

Qué errores suelen empeorar el problema

Los especialistas advierten que algunas conductas de los adultos pueden profundizar la selectividad:

  • Obligar o presionar para que coman.
  • Ofrecer siempre “lo único que acepta”.
  • Negociar con premios o postres.
  • Mantener horarios desordenados para las comidas.

“La alimentación depende tanto del niño como de cómo los adultos organizan el ambiente y las expectativas”, señaló Irina Kovalskys.

Estrategias para ampliar la alimentación de los chicos

Los expertos recomiendan trabajar de forma progresiva y sostenida:

  • Exposición repetida: ofrecer nuevos alimentos varias veces sin obligar.
  • Cambios graduales: modificar de a poco sabores, salsas o preparaciones.
  • Rutinas claras: comer en horarios fijos y sin pantallas.
  • Participación activa: involucrar a los chicos en compras y cocina.
  • Adaptar texturas y presentaciones: probar distintas formas de servir los alimentos.

Además, remarcan que el objetivo no debe ser “ganar una batalla” en cada comida, sino construir una relación saludable y positiva con la alimentación.

En los casos donde la dieta es muy limitada, recomiendan consultar con pediatras o nutricionistas para evaluar suplementos o estrategias específicas que permitan cubrir los nutrientes necesarios mientras se amplía la variedad alimentaria.

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