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viernes 3 abril 2026

El “capital cerebral”, la ventaja humana que la IA no puede replicar y que el mundo subestimó durante décadas

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En medio del avance de la inteligencia artificial, un nuevo enfoque pone en cuestión una de las ideas más extendidas sobre el futuro del trabajo: que la creatividad o la empatía serán suficientes para diferenciar a los humanos de las máquinas. Según un reciente informe internacional, la verdadera ventaja competitiva está en el llamado “capital cerebral”, un concepto que durante años fue relegado.


Un activo estratégico ignorado


El término, impulsado por el McKinsey Health Institute junto al Foro Económico Mundial, combina dos dimensiones clave: la salud del cerebro —libre de trastornos mentales o neurológicos— y las habilidades cognitivas e interpersonales que permiten a las personas adaptarse y desenvolverse en entornos complejos.


Durante décadas, estas capacidades fueron consideradas secundarias dentro de los sistemas educativos y laborales, etiquetadas como “habilidades blandas”. Sin embargo, el contexto actual las posiciona como un factor crítico en la economía global.


Un costo económico millonario


El informe advierte que la falta de inversión en este aspecto ya tiene consecuencias concretas: el mundo habría perdido alrededor de 6,2 billones de dólares en producto bruto por no haber desarrollado adecuadamente el capital cerebral.


El dato se explica, en parte, por la creciente incidencia de trastornos vinculados a la salud mental, que hoy representan cerca del 24% de la carga global de enfermedad. Más de mil millones de personas conviven con este tipo de condiciones, en un escenario donde los sistemas de salud destinan, en promedio, apenas el 2% de sus presupuestos a este ámbito.


Más allá de la creatividad y la empatía


El planteo central del informe es que ni la creatividad ni la empatía, por sí solas, constituyen una ventaja suficiente frente a la IA si no están respaldadas por un desarrollo integral del cerebro.


El capital cerebral incluye desde la capacidad de aprendizaje continuo hasta el manejo emocional, la toma de decisiones y la alfabetización tecnológica. Es decir, un conjunto de habilidades que no solo permiten competir con los avances tecnológicos, sino también complementarlos.


Un desafío urgente


En este contexto, los especialistas advierten que la falta de inversión en salud mental y desarrollo cognitivo ya no puede ser vista solo como un problema sanitario, sino también económico y estratégico.


El desafío, sostienen, es repensar políticas públicas, sistemas educativos y entornos laborales para priorizar el desarrollo del capital cerebral, en un escenario donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad humana de adaptación.

Fuente Infobae

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