Las muertes recientes de figuras públicas menores de 60 años volvieron a poner el foco en las enfermedades cardiovasculares. Especialistas advierten que los infartos también pueden ocurrir antes de los 40 años y destacan la importancia de reconocer las señales de alarma y prevenir los factores de riesgo.
Los infartos no son exclusivos de las personas mayores. Aunque su frecuencia aumenta con la edad, también pueden afectar a adultos jóvenes e incluso presentarse sin síntomas previos evidentes.
La muerte de reconocidas figuras públicas menores de 60 años, como el meteorólogo Fernando Confessore, el exboxeador Jorge “Locomotora” Castro y el periodista Gastón “Pampa” Leturia, volvió a poner en primer plano la importancia de la prevención y la detección temprana de las enfermedades cardiovasculares.
En diálogo con Infobae, el cardiólogo Alejandro Amarilla, integrante de la Federación Argentina de Cardiología (FAC), explicó que tener menos edad reduce la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular, pero no elimina el riesgo.
El especialista advirtió que enfermedades como la aterosclerosis, que provoca la acumulación de placas en las arterias, pueden desarrollarse durante muchos años antes de manifestarse clínicamente.
Por su parte, el cardiólogo Hernán Krimer, director médico del centro Cardiozone, señaló que los infartos pueden producirse incluso antes de los 40 años. Entre los factores que pueden adelantar la aparición de estas patologías mencionó el tabaquismo, el colesterol elevado, la diabetes y los antecedentes hereditarios.
¿Por qué puede ocurrir un infarto a edades tempranas?
El infarto de miocardio se produce cuando el flujo de sangre que llega a una parte del corazón queda bloqueado, generalmente por la formación de un coágulo asociado a la ruptura de una placa de aterosclerosis.
Estas placas se forman progresivamente en las paredes de las arterias y pueden estrecharlas. En determinadas circunstancias, su ruptura desencadena la formación de un coágulo que impide el paso adecuado de la sangre y provoca daños en el músculo cardíaco.
Aunque este proceso suele asociarse con edades avanzadas, determinados factores pueden acelerar su desarrollo. Entre los principales se encuentran:
- Tabaquismo: aumenta el riesgo cardiovascular y daña los vasos sanguíneos.
- Colesterol elevado: favorece la acumulación de placas en las arterias.
- Diabetes: incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular.
- Antecedentes familiares: pueden indicar una predisposición hereditaria.
- Otros factores: la hipertensión arterial, el sedentarismo y una alimentación poco saludable también contribuyen al riesgo.
La ausencia de antecedentes conocidos o de síntomas previos no descarta la posibilidad de un evento cardiovascular.
Cuáles son los síntomas que requieren atención inmediata
Reconocer las señales de alarma resulta fundamental para actuar con rapidez. Uno de los síntomas más frecuentes del infarto es la molestia o el dolor en el pecho, que puede sentirse como presión, opresión o peso.
El malestar también puede extenderse hacia otras partes del cuerpo, como los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen.
Otros síntomas que pueden aparecer son:
- Falta de aire.
- Sudor frío.
- Náuseas o vómitos.
- Mareos o sensación de desvanecimiento.
- Debilidad repentina o cansancio inusual.
Los síntomas no siempre se presentan de la misma manera. Algunas personas pueden experimentar manifestaciones menos características y, en ciertos casos, el infarto puede aparecer sin señales previas reconocibles.
Ante un dolor o una presión en el pecho, especialmente si se acompaña de falta de aire, sudor frío o mareos, es fundamental solicitar asistencia médica de emergencia. No se debe esperar a que el malestar desaparezca ni conducir por cuenta propia hasta un centro de salud.
Cómo reducir el riesgo cardiovascular desde edades tempranas
La prevención comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas. Los controles médicos periódicos permiten detectar factores de riesgo que pueden pasar inadvertidos durante años, como la hipertensión, el colesterol elevado o la diabetes.
Entre las medidas que contribuyen a cuidar la salud cardiovascular se encuentran dejar de fumar, realizar actividad física de manera regular, mantener una alimentación equilibrada, controlar la presión arterial y los niveles de colesterol y glucosa, y consultar al médico ante antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura.
Los especialistas también destacan la importancia de no subestimar los síntomas por el solo hecho de ser joven.
La edad es un factor que influye en la probabilidad de sufrir un infarto, pero no constituye una garantía de protección. La detección temprana de los factores de riesgo y la respuesta rápida ante las señales de alarma pueden resultar determinantes para prevenir complicaciones y salvar vidas.
Fuente Infobae


