Junto al Programa Plantas Nativas, familias que atraviesan la pérdida de un hijo o una hija le dieron forma a un nuevo rincón de encuentro y recuerdo en el Bioparque Municipal.
El Bioparque Municipal La Máxima fue escenario, este sábado, de una tarde atravesada por la emoción. Integrantes de Corazones Espinados, junto a familiares y amigos, plantaron 25 árboles, uno por cada hijo o hija a quienes buscan mantener presentes.
La actividad se organizó en conjunto con el Programa Plantas Nativas y contó con el acompañamiento del equipo del Bioparque, que trabajó para que el proyecto pudiera concretarse. La idea es que el sector se convierta en un punto de encuentro donde las familias puedan reunirse y recordar a sus seres queridos.

Gisela Hernández Reyes, coordinadora de Corazones Espinados, destacó el valor que tiene este lugar para el grupo. Explicó que la jornada fue mucho más que una plantación, ya que cada árbol representa el nombre y la historia de un hijo o una hija, y el espacio permite honrar sus vidas de manera compartida.
Con los primeros ejemplares ya en la tierra, el rincón comienza a crecer como símbolo de un amor que, según expresaron desde la organización, sigue echando raíces.
Sobre Corazones Espinados
Corazones Espinados es un espacio de acompañamiento para familias que atraviesan la pérdida de un hijo o una hija. Lo coordina Gisela Hernández y lo integran las psicólogas Verónica Rodríguez, Rosario Urturi, Betiana Donofrio y Marina Heland, quienes acompañan y sostienen el trabajo del grupo.



