El informe del INDEC sobre el segundo trimestre de 2026 mostró fuertes diferencias según la condición laboral y el género. Los asalariados con descuento jubilatorio percibieron en promedio $1.433.794, mientras que los no registrados alcanzaron $706.204. La brecha de ingresos entre varones y mujeres fue del 26,3%.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió los resultados de la distribución del ingreso correspondientes al segundo trimestre de 2026, elaborados a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) en los 31 aglomerados urbanos relevados.
El informe muestra una marcada distancia entre los ingresos de los distintos grupos de trabajadores, especialmente al comparar a quienes cuentan con empleo registrado con aquellos que no tienen descuento jubilatorio. También refleja diferencias significativas entre varones y mujeres y una elevada concentración de los ingresos en los sectores de mayores recursos.
Durante el período abril-junio, el ingreso promedio de la ocupación principal fue de $1.129.527, mientras que la mediana se ubicó en $900.000. Esto significa que la mitad de las personas ocupadas percibió hasta ese último monto por su actividad principal.
La diferencia entre trabajadores registrados y no registrados
Entre los 9,4 millones de asalariados relevados por la EPH, el ingreso promedio alcanzó los $1.161.833. Sin embargo, la situación cambia considerablemente cuando se observa la condición de registración laboral.
Los trabajadores asalariados con descuento jubilatorio percibieron, en promedio, $1.433.794 mensuales, mientras que aquellos sin descuento jubilatorio alcanzaron los $706.204.
La diferencia entre ambos grupos fue de $727.590 por mes. En términos relativos, el ingreso promedio de los trabajadores registrados fue aproximadamente 2,03 veces el de los no registrados.
En la comparación interanual, el ingreso medio de los asalariados con descuento jubilatorio aumentó un 26,5%, mientras que el de quienes no contaban con ese descuento creció un 24,9% en términos nominales.
El dato expone el peso que tiene la formalidad laboral sobre el nivel de ingresos, aunque las variaciones nominales no permiten determinar por sí solas la evolución del poder adquisitivo.
Una brecha de género del 26,3%
La distribución de los ingresos también mostró diferencias según género.
Durante el segundo trimestre de 2026, la brecha de ingresos de la ocupación principal entre varones y mujeres fue del 26,3%.
El ingreso promedio de la ocupación principal alcanzó los $1.280.538 entre los varones, mientras que entre las mujeres fue de $943.439.
Si se consideran los ingresos individuales totales, que incluyen tanto recursos laborales como no laborales, los varones registraron un promedio de $1.266.369, frente a $927.252 entre las mujeres.
La diferencia aparece así tanto al observar exclusivamente la actividad laboral principal como al incorporar otras fuentes de ingresos.
Cómo se distribuyeron los ingresos
El informe también permite observar la distancia existente entre los distintos estratos de ingresos.
Entre las personas ocupadas, los cuatro deciles inferiores registraron un ingreso promedio de $415.012, mientras que quienes se ubicaron en los deciles 9 y 10 alcanzaron un promedio de $2.629.678.
En cuanto al conjunto de personas que percibieron algún tipo de ingreso individual, el 62,4% de la población relevada, equivalente a unos 18,8 millones de personas, recibió recursos durante el trimestre. El ingreso individual promedio de ese universo fue de $1.094.136.
Por otra parte, el ingreso promedio per cápita familiar se ubicó en $688.496, con una mediana de $500.000.
El 10% de mayores ingresos concentró el 32,3%
La distribución también evidencia una importante concentración en la parte superior de la escala.
El 10% de las personas con mayores ingresos concentró el 32,3% del total de los recursos, mientras que el 10% de menores ingresos recibió el 1,8%.
La diferencia entre las medianas de los extremos de la distribución alcanzó las 13 veces. Es decir, el valor central de los ingresos del decil de mayores recursos multiplicó por 13 al correspondiente al decil inferior.
El coeficiente de Gini, utilizado para medir la desigualdad en la distribución del ingreso, se ubicó en 0,428. El indicador mejoró respecto del 0,442 registrado durante el primer trimestre de 2026, aunque quedó por encima del 0,424 correspondiente al segundo trimestre de 2025.
El peso de los ingresos laborales en los hogares
La composición de los ingresos de los hogares también presenta diferencias importantes según el nivel económico.
En el conjunto de los aglomerados urbanos, los ingresos laborales representaron el 78,1% de los recursos familiares, mientras que los ingresos provenientes de fuentes no laborales explicaron el 21,9% restante.
La proporción cambia de manera significativa en los extremos de la distribución. En el primer decil, correspondiente a los hogares de menores ingresos, los recursos no laborales representaron el 67,3% del total.
En el extremo superior, en cambio, los ingresos laborales explicaron el 86,6% de los recursos de los hogares ubicados en el décimo decil, mientras que las fuentes no laborales representaron el 13,4%.
El informe también registró una fuerte diferencia en la relación entre personas ocupadas y no ocupadas: en el decil de menores ingresos hubo 307 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas, mientras que en el decil de mayores ingresos la relación fue de 38 por cada 100.
Los datos del INDEC permiten así observar que, aunque algunos indicadores de desigualdad mejoraron frente al primer trimestre de 2026, la estructura de ingresos continúa marcada por fuertes diferencias según el tipo de inserción laboral, el género y el nivel socioeconómico.
Fuente: INDEC – Evolución de la distribución del ingreso (EPH), segundo trimestre de 2026.


