El arquero campeón del mundo entrenó por primera vez sin protección en su mano derecha. Sintió una fuerte molestia tras una exigida atajada, pero completó los trabajos con normalidad y no peligra su debut.
El búnker de la Selección argentina dosifica las cargas físicas en las horas previas al inicio del torneo, sabiendo que el margen de error es mínimo pero confiando en la respuesta anímica del grupo.
La jugada que congeló los corazones
El momento de zozobra se vivió en medio de un ejercicio de reacción específica bajo los tres palos. Según publicó en las últimas horas la Agencia Noticias Argentinas, en una acción típica de su repertorio, el «Dibu» se lanzó estirando su perfil derecho para desviar un remate a quemarropa. Al impactar el balón justamente con la zona afectada, el arquero clavó la mirada en su mano y evidenció una mueca de dolor que congeló por unos instantes las sonrisas del cuerpo técnico.
La decisión de quitarle las vendas protectoras respondía a un paso planificado dentro del protocolo de rehabilitación, buscando que el jugador recuperara el tacto natural y la flexibilidad total en los guantes. Sin embargo, la sensibilidad en una zona tan expuesta para un arquero hizo que el impacto directo generara esa lógica reacción de molestia.
Monitoreo constante y tranquilidad en el cuerpo técnico
Pasados los primeros segundos de tensión, las miradas entre los médicos y el propio Scaloni devolvieron la calma al predio de entrenamiento.
Un proceso dentro de los parámetros esperados: Desde el entorno del seleccionado aclararon que este tipo de dolores residuales forman parte de la adaptación normal del cuerpo cuando se retiran las protecciones rígidas. El hecho de que Martínez no haya requerido asistencia médica de urgencia, sumado a que continuó bloqueando remates y completando los bloques de ejercicios de coordinación sin mayores dificultades, ratifica que la estructura ósea y articular del dedo se encuentra firme.
Con Messi liderando la mística desde las redes sociales y el «Dibu» custodiando los tres palos con el temperamento que lo caracteriza, la Scaloneta calibra los últimos detalles de su puesta a punto. El dolor en la mano del arquero fue apenas un recordatorio de que el camino a la defensa de la corona exigirá poner el cuerpo al límite en cada pelota.


