Publicado en octubre de 1986, el segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota marcó un antes y un después en la historia de la banda. Con nueve canciones, una estética inconfundible y letras cargadas de simbolismo, la obra se convirtió en un clásico de la música nacional.
A cuatro décadas de su lanzamiento, Oktubre continúa ocupando un lugar fundamental en la historia del rock argentino. El segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, publicado en octubre de 1986, representó un punto de inflexión para el grupo liderado por Carlos “el Indio” Solari y Eduardo “Skay” Beilinson, que comenzaba a consolidar una identidad musical y visual propia.
Con nueve canciones, una sonoridad oscura y letras atravesadas por referencias políticas, sociales y culturales, el disco logró capturar el clima de una época marcada por las heridas de la última dictadura militar, las tensiones de la Guerra Fría y los cambios que atravesaba la sociedad argentina durante los primeros años de la recuperación democrática.
La obra llegó dos años después de Gulp!, el debut discográfico de la banda platense, que por entonces desarrollaba su carrera dentro del circuito independiente. Con Oktubre, Los Redondos profundizaron su búsqueda artística y comenzaron a construir una identidad que, con el paso del tiempo, se convertiría en una de las más reconocibles del rock nacional.
Nueve canciones que hicieron historia
Grabado en los estudios Panda de Buenos Aires, el álbum contó con la participación de músicos invitados que ampliaron el sonido habitual de la banda. Héctor “Tito Fargo” D’Aviero aportó una segunda guitarra, Daniel Melero participó en teclados y Claudio Cornelio en percusión, mientras que Osvel Costa estuvo a cargo de las tareas técnicas de sonido.
El resultado fue un trabajo de guitarras filosas, atmósferas densas y una marcada influencia del postpunk, combinada con elementos del rock clásico y una búsqueda experimental que le dio al disco un carácter particular.
Entre las canciones más recordadas aparecen “Preso en mi ciudad”, “Música para pastillas”, “Motor Psico”, “Semen-Up”, “Divina TV Führer” y “Ji Ji Ji”, que con los años se transformó en uno de los temas más emblemáticos de la banda y en protagonista del multitudinario pogo que caracteriza a sus interpretaciones en vivo.
Las letras del Indio Solari construyeron un universo de personajes marginales, imágenes inquietantes y referencias a la manipulación mediática, el consumo de drogas, la paranoia y el desencanto social. Esa combinación contribuyó a que Oktubre trascendiera su contexto de lanzamiento y mantuviera vigencia entre distintas generaciones de oyentes.
Una tapa que también se convirtió en símbolo
La identidad del álbum no se limitó a su música. La portada, diseñada por Ricardo Cohen, conocido artísticamente como Rocambole, se convirtió en una de las imágenes más reconocidas de la cultura rock argentina.
La ilustración presenta una multitud de figuras con banderas, inspirada en la iconografía revolucionaria soviética. Los tonos rojos, negros y grises reforzaron la atmósfera política y contestataria de la obra, mientras que la contratapa, con la imagen de la Catedral de La Plata en llamas, completó una propuesta visual cargada de simbolismo.
Las referencias a la Revolución Rusa de octubre de 1917 convivían con resonancias de la historia política argentina y con el espíritu colectivo que comenzaba a rodear a la banda.
Con el tiempo, aquella imagen pasó de ser la cubierta de un disco a convertirse en un emblema reproducido en remeras, banderas y otros objetos vinculados con la identidad ricotera.
De Paladium al mito ricotero
El 18 y el 25 de octubre de 1986, Los Redondos presentaron el álbum en vivo en la discoteca Paladium, en Buenos Aires. Aquellas actuaciones formaron parte de una etapa clave para el crecimiento del grupo y la consolidación de su repertorio.
La banda fue ampliando su convocatoria hasta convertirse en un fenómeno cultural que trascendió los escenarios. Su relación con el público, la circulación de sus canciones y la construcción de una identidad compartida contribuyeron a formar una comunidad de seguidores que mantuvo su fuerza incluso después de la separación del grupo.
En ese recorrido, Oktubre ocupó un lugar central. Su combinación de música, letras y estética ayudó a definir buena parte del imaginario que acompañaría a Los Redondos durante las décadas siguientes.
Un clásico que sigue vigente a cuatro décadas
El reconocimiento de Oktubre también quedó reflejado en distintas selecciones históricas. La revista Rolling Stone lo ubicó en el cuarto puesto de su ranking de los 100 mejores discos del rock argentino, detrás de Artaud, de Pescado Rabioso; Clics modernos, de Charly García; y el álbum debut de Manal.
A 40 años de su publicación, el disco mantiene su potencia musical y simbólica. Sus canciones siguen formando parte del repertorio esencial del rock nacional y permiten reconstruir el momento en que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota comenzaron a consolidar una mitología propia.
Cuatro décadas después, Oktubre continúa siendo mucho más que un álbum: es una pieza fundamental de la cultura popular argentina y uno de los trabajos que mejor representan la identidad de Los Redondos.
Fuente: Agencia NA.


