El abordaje combina opioides con ácidos grasos y un sistema especial de liberación del fármaco que busca optimizar la absorción del medicamento en el organismo.

Por Andrés Fernández
Los tratamientos actuales contra el dolor crónico son efectivos, pero en muchos casos acarrean efectos secundarios que impiden su uso prolongado. La administración regular de morfina, por ejemplo, provoca pérdida de peso, constipación y el desarrollo de tolerancia a su efecto calmante.
El mercado del tratamiento del dolor crónico está en pleno crecimiento en los últimos años. Frente a ese escenario, la búsqueda de alternativas más efectivas es una prioridad para la industria farmacéutica.
A esa demanda responde la plataforma ‘Nu-Pain PHARMA’, un proyecto basado en nanotecnología y compuestos naturales que desarrollan María Eugenia Olivera y Karem Arrigoni Rodríguez, de la Universidad Nacional de Córdoba, junto a Carlos Laino y Florencia Elorriaga, de la Universidad Nacional de La Rioja.
Su trabajo se basa en la combinación de un ácido graso natural con un analgésico (morfina, metadona o cannabidiol), formulados de manera tal que, al entrar en contacto con los fluidos gástricos emulsionen en partículas de tamaño nanométrico. La emulsión se transforma en una mezcla en la que resulta imposible distinguir un elemento del otro.
En este sistema, el ácido graso se encarga de activar y potenciar el efecto analgésico del fármaco. La escala infinitesimal de las partículas, a su vez, no sólo mantiene estable el compuesto, sino que facilitaría una absorción más eficiente del conjunto por parte del organismo.
La clave del desarrollo innovador es el uso de nanotecnología y la combinación de moléculas farmacológicamente activas para lograr que el analgésico, que naturalmente no se disuelve en el ácido graso, pueda combinarse con él.
“Los sometemos a un procedimiento especial hasta lograr una composición específica”, explica Olivera. Y agrega: “La meta es lograr una partícula tan pequeña que incluso deje pasar la luz. En el intestino existen mecanismos de absorción capaces de ‘comer’ esas gotitas, siempre que posean ese tamaño nanométrico”.
En los estudios preliminares realizados en modelos con animales de laboratorio, esta estrategia permitió lograr el mismo resultado terapéutico, pero con dosis considerablemente más pequeñas, tanto que si se las administrara solas no tendrían ningún efecto.
La principal ventaja de este abordaje radica en que minimizar la dosis conlleva una reducción de las reacciones adversas y evita ciertos efectos psicoactivos asociados a determinadas drogas. Todo eso, sin comprometer su efecto calmante.
Si bien los experimentos son promisorios, sus impulsores advierten la necesidad de profundizar la investigación. Existen distintos parámetros y observaciones, cuyos mecanismos todavía permanecen bajo explicaciones hipotéticas, por cuanto requieren análisis y mediciones más extensivas.
A futuro, el equipo espera que esta innovadora propuesta pueda brindar a pacientes con dolor crónico un tratamiento más seguro para su salud integral. (UNC)


