Investigadores analizaron más de 8.500 duchas en hogares reales y encontraron que ciertas costumbres pueden aumentar considerablemente el tiempo bajo el agua. El doble lavado con champú, las pausas frecuentes y la baja presión aparecen entre los factores que más influyen.
Una ducha puede parecer una de las actividades más simples de la rutina diaria, pero el tiempo que cada persona permanece bajo el agua está condicionado por numerosos hábitos. Así lo mostró una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Surrey, en Inglaterra, que analizó más de 8.500 duchas registradas en hogares reales.
El estudio concluyó que una ducha destinada exclusivamente a la higiene puede resolverse en alrededor de tres minutos, mientras que cuando también incluye el lavado del cabello el tiempo recomendado puede extenderse hasta aproximadamente cinco minutos.
Sin embargo, la duración real suele ser considerablemente mayor. En Estados Unidos, por ejemplo, el promedio alcanza los 16 minutos, mientras que algunos registros llegan hasta los 40 minutos.
Un estudio realizado en hogares reales
La investigación fue publicada en el Journal of Environmental Management y se basó en información obtenida durante 40 días en 319 hogares de Alemania.
Los investigadores instalaron sensores inteligentes en los baños para registrar cuánto duraba cada ducha, las interrupciones en el flujo de agua y distintas condiciones ambientales. Después, esos datos fueron combinados con cuestionarios respondidos por los participantes inmediatamente después de bañarse.
El objetivo fue determinar qué factores explicaban las diferencias en la duración de las duchas.
Uno de los principales hallazgos fue que las características personales o familiares no resultaron ser los factores determinantes. En cambio, determinadas prácticas desarrolladas dentro del baño tuvieron una incidencia mucho mayor.
El doble lavado con champú puede sumar varios minutos
Entre los hábitos analizados, el uso repetido de champú fue uno de los que más impacto tuvo.
Las duchas en las que las personas aplicaron el producto dos o más veces fueron aproximadamente un 27% más largas que aquellas en las que se utilizó una sola aplicación.
Según explicó el investigador Pablo Pereira-Doel, integrante del Instituto de Sustentabilidad de la Universidad de Surrey, muchas personas repiten el lavado principalmente por costumbre y no necesariamente porque su cabello lo requiera.
Por ejemplo, una ducha de cinco minutos podría acercarse a los seis minutos y medio cuando se incorpora una segunda aplicación de champú.
El investigador sostuvo que, para la mayoría de las personas, una sola aplicación resulta suficiente para una higiene adecuada.
Cortar el agua varias veces tampoco garantiza una ducha más corta
Otro resultado llamativo apareció al analizar las interrupciones del flujo de agua.
Cerrar el grifo mientras una persona se enjabona suele considerarse una estrategia para ahorrar agua. Sin embargo, el estudio encontró que las duchas con tres o más interrupciones fueron aproximadamente un 20% más largas que aquellas en las que el agua permaneció abierta durante todo el proceso.
También fueron un 28% más extensas que las duchas que tuvieron una sola interrupción.
Esto no significa que cerrar el agua sea una mala práctica desde el punto de vista del consumo. Por el contrario, los investigadores destacan que interrumpir el flujo puede reducir la cantidad total de agua utilizada. El resultado muestra, en cambio, que repetir muchas veces el ciclo de cerrar y abrir el agua puede prolongar el tiempo total de la ducha.
El tipo de agua y la presión también influyen
El comportamiento no fue el único elemento que apareció relacionado con la duración.
En las zonas donde el agua era blanda, las duchas resultaron aproximadamente un 23% más largas que en aquellas con agua dura. La diferencia está relacionada con la concentración de minerales presentes en el agua, principalmente calcio y magnesio.
Los investigadores plantean que el agua blanda puede generar una mayor cantidad de espuma y facilitar el enjuague, haciendo que la experiencia resulte más agradable y favoreciendo que las personas permanezcan más tiempo bajo el agua.
La presión del agua también puede tener un efecto. Cuando el chorro es débil, las personas pueden permanecer más tiempo en la ducha para asegurarse de que el jabón o el champú fueron completamente eliminados.
Las duchas duran más cuando hay menos presión de tiempo
El momento elegido para bañarse también mostró diferencias.
Según los resultados, las duchas realizadas durante la tarde y los fines de semana tendieron a ser más prolongadas que las de la mañana. Una posible explicación es que durante los horarios laborales existe una mayor presión de tiempo.
La edad también marcó diferencias. Los adultos jóvenes y de mediana edad registraron duchas de hasta 31% más duración que las personas mayores de 50 años.
En cambio, variables como el género, el tipo de empleo y la composición del hogar tuvieron efectos menores o poco definidos una vez que se consideraron conjuntamente los demás factores.
No todas las duchas tienen como objetivo principal la higiene
Uno de los datos más relevantes del trabajo permite entender por qué reducir el tiempo de ducha puede ser más difícil de lo que parece.
Más de cuatro de cada diez duchas analizadas no tenían como objetivo principal la higiene.
El baño también funciona como un momento de relajación, descanso, autocuidado o simplemente como una forma de entrar en calor.
Por eso, los investigadores plantean que la duración de una ducha no siempre responde a una decisión consciente vinculada con la cantidad de tiempo necesaria para limpiarse.
La investigación pone así el foco en un aspecto que suele quedar relegado en las políticas de ahorro de agua: el comportamiento cotidiano. Además de incorporar dispositivos eficientes y mejorar la tecnología de las instalaciones, conocer qué hábitos prolongan innecesariamente el uso del agua puede ayudar a reducir el consumo.
En ese sentido, pequeñas modificaciones —como evitar aplicaciones innecesarias de productos, reducir las interrupciones repetidas y prestar atención al tiempo que efectivamente se permanece bajo el agua— pueden contribuir a lograr duchas más breves y un uso más eficiente de un recurso cada vez más relevante.
Fuente: Universidad de Surrey y Journal of Environmental Management.


