A pesar del impacto del caso Adorni en las encuestas y de la masividad de la protesta educativa, en la Casa Rosada ratifican la estrategia de contraataque. Para el entorno presidencial, el reclamo es «partidario» y no altera el humor social de su núcleo duro.
El Gobierno de Javier Milei atraviesa una de sus semanas más complejas en términos de percepción pública, pero la orden en los pasillos de Balcarce 50 es clara: no ceder. Tras la cuarta marcha federal universitaria que desbordó el centro porteño, la mesa chica del Presidente —liderada por Karina Milei y Manuel Adorni— optó por una mezcla de ninguneo y victimización, minimizando las cifras de convocatoria y calificando el reclamo como una maniobra netamente «política».
Mientras la Universidad de Buenos Aires (UBA) estimó la asistencia en cerca de 1,5 millones de personas, el informe oficial de la Policía Federal que circuló en los despachos oficiales apenas registró 135.000 manifestantes. Esta brecha en los números refleja la postura de un Ejecutivo que se autopercibe tan sólido como en 2024, cuando la primera gran protesta educativa no logró erosionar su capital político.
El factor Adorni: un cambio en el escenario
Sin embargo, el contexto actual no es el mismo que el de hace dos años. Por primera vez, el Gobierno enfrenta un deterioro visible en las encuestas de humor social. Las consultoras coinciden en que el caso Adorni y las sospechas sobre su patrimonio han sido el primer gran golpe a la imagen de transparencia del oficialismo, bajando las perspectivas positivas sobre la gestión de Milei.
A pesar de este diagnóstico, la respuesta oficial ha sido el intransigencia. En la reunión de la mesa política realizada ayer, de la que participaron figuras como los primos Menem, Patricia Bullrich y Diego Santilli, el tema de la marcha fue tratado de manera superficial. Para los estrategas libertarios, admitir que una movilización masiva puede condicionar la agenda presupuestaria sería una señal de debilidad que no están dispuestos a dar.
Estrategia de «espejo»
El Gobierno repite la fórmula que le dio éxito en el inicio del mandato:
- Deslegitimación: Sostienen que detrás del guardapolvo blanco se esconde la dirigencia opositora.
- Victimización: Se presentan como los únicos capaces de enfrentar a las «castas» que defienden privilegios en las cajas universitarias.
- Blindaje: Confían en que su base electoral prioriza el equilibrio fiscal por sobre cualquier otro reclamo sectorial.
Con un humor social en descenso pero una convicción ideológica intacta, el oficialismo apuesta a que el tiempo diluya el impacto de las imágenes de las plazas llenas, mientras espera que la presentación de la declaración jurada de Adorni ayude a calmar las aguas en el frente judicial y ético que hoy más les preocupa.
Fuente: Infobae


