Un informe elaborado por el Instituto Universitario CIAS reveló un severo deterioro en la situación económica de los jóvenes menores de 29 años en barrios vulnerables.
Impulsados por el aumento del desempleo y la precarización laboral, casi el 60% de los encuestados afirmó haber tenido que pedir dinero prestado o tomar un crédito para cubrir gastos cotidianos de subsistencia.
El relevamiento destaca que el 75% considera que la economía empeoró en el último año, mientras que un 60% de los hogares tuvo que recortar consumos básicos, principalmente en la compra de alimentos.
Predominio del circuito informal y préstamos de barrio
Ante el escaso acceso al sistema financiero bancario por la alta informalidad laboral (que supera el 57% en este segmento etario), las familias recurren mayoritariamente a vías alternativas e informales para financiarse:
Prestamistas y entorno: El 68% pidió asistencia a familiares o amigos, mientras que un 39% acudió a prestamistas de barrio y un 19% fió en comercios cercanías.
Bajo acceso formal: Solo el 21% utilizó aplicaciones o billeteras virtuales y un 18% recurrió a tarjetas de crédito.
Riesgos adicionales: Especialistas advierten que la dependencia de prestamistas informales expone a las familias a altas tasas de interés y a mecanismos coercitivos de cobro ante eventuales incumplimientos.
Modificación en las pautas de consumo
El ajuste sobre los ingresos familiares provocó cambios directos en los hábitos de las viviendas de menores recursos. Cuatro de cada diez jóvenes indicaron que el recorte comenzó por la alimentación —reduciendo el consumo de carne o suspendiendo comidas en adultos para priorizar a los menores—, debido a la imposibilidad de reducir costos fijos e ineludibles como las tarifas de luz, garrafas o el transporte público.
Fuente: Diario Ámbito Financiero


