El Vorasidenib, autorizado por la ANMAT, es el primer tratamiento específico para gliomas de bajo grado con mutación IDH en más de dos décadas y reduce a más de la mitad el riesgo de progresión de la enfermedad.

El glioma es el tumor cerebral maligno primario más frecuente en adultos y, hasta ahora, sus opciones de tratamiento se reducían a la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. Eso acaba de cambiar: la ANMAT autorizó el Vorasidenib, un medicamento que actúa bloqueando enzimas específicas involucradas en el crecimiento tumoral y que representa el primer avance terapéutico en este tipo de cáncer en más de veinte años.
El fármaco está indicado para adultos y pacientes pediátricos mayores de 12 años diagnosticados con astrocitoma u oligodendroglioma de grado 2 que presenten mutaciones en las enzimas IDH1 o IDH2, siempre que hayan sido operados previamente. Se administra en comprimidos de toma diaria y permite a los pacientes gestionar su enfermedad de forma activa junto a un equipo médico especializado.
La aprobación se basó en los resultados del ensayo clínico INDIGO, que demostró una reducción del 61% en el riesgo de progresión. En términos concretos, la mediana de sobrevida libre de progresión fue de 27,7 meses en quienes recibieron el tratamiento, frente a 11,1 meses en el grupo de placebo. Además, el medicamento logró retrasar el crecimiento tumoral y redujo el volumen del tumor.
Uno de los beneficios más relevantes es que permite postergar el uso de quimioterapia y radioterapia en las etapas iniciales de la enfermedad, disminuyendo así la carga de toxicidad para el paciente y preservando su calidad de vida.
El neuro-oncólogo Elías Ortega Chahla, del Instituto Ángel H. Roffo de la UBA, destacó que el glioma afecta con frecuencia a personas de entre 30 y 40 años, en pleno desarrollo personal y profesional. «El diagnóstico resulta especialmente devastador. Sin embargo, la aparición de nuevos tratamientos dirigidos abre una puerta a la esperanza. Estamos ante un verdadero cambio de paradigma tras casi 25 años sin avances significativos», afirmó.
El especialista también subrayó la importancia de identificar el perfil molecular del tumor: conocer la presencia o ausencia de la mutación IDH es clave para clasificar correctamente la enfermedad y definir la mejor estrategia de tratamiento. «Saber el nombre y el apellido de la enfermedad ayuda al equipo multidisciplinario a planificar la mejor estrategia de tratamiento y seguimiento», explicó.
Fuente: Agencia Noticias Argentinas


