La caída de la actividad es notoria y generalizada. “No hay plata en serio, no hay un mango en la calle”, dicen. Mientras tanto, las estadísticas reflejan que seis de cada diez personas ya usan la tarjeta de crédito para sus gastos diarios.

“Sin dudas, la peor crisis comercial de la historia”. Sin vueltas, el posteo en Facebook del propietario de un tradicional y reconocido kiosco del barrio Pueblo Nuevo resumió en las últimas horas el padecer de muchísimos comerciantes locales.
Un par de horas después, la voz de un cajero de la sucursal céntrica de una cadena de supermercados de Olavarría confió un panorama también desolador: “antes, a esta hora de la tardecita no parábamos un segundo. Las colas eran larguísimas. Hoy mirá lo que es esto. Y no es solamente en este momento, así es prácticamente la mayor parte del día. Está todo parado”.
Menos compradores, menos ventas, menos primeras marcas, menos volumen.
Las estrategias para intentar reactivar son múltiples y varían de acuerdo a cada caso. Pero la realidad es que nada parece funcionar. El mercado está deprimido.
Promociones, rebajas por pago en contado efectivo, 2×1, 3×2, liquidaciones eternas… Cada uno apuesta por lo que le parece la estrategia más conveniente para vender. Pero todas las voces consultadas aseguran que cada vez los resultados son peores.
Las pizarras instaladas en las veredas, los plotteos en vidrieras y las publicaciones en redes sociales ofrecen rebajas que llegan hasta el 50 por ciento en diferentes comercios y rubros de la ciudad.

“Pero el poder adquisitivo que perdió la gente en general se nota muchísimo, nos damos cuenta todos en realidad cada vez que nos toca hacer frente a nuestros propios gastos”, dijo a Info Noticias Olavarría un comerciante gastronómico, que en los últimos meses vio disminuir peligrosamente la cantidad de viandas diarias vendidas.
Claro que el enfriamiento de la actividad comercial no es exclusivo de Olavarría.
Los números de diferentes estudios privados muestran que la “malaria” es generalizada en todo el país.
La inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de las deudas están dejando a muchas familias argentinas con menos margen para llegar a fin de mes.
De hecho, según el último informe de QMonitor que reprodujo la agencia DIB, seis de cada diez personas usan la tarjeta de crédito para gastos diarios y casi cuatro de cada diez sólo pueden pagar el mínimo.
En el último año, el 57% de los encuestados aumentó sus deudas para cubrir necesidades básicas.
Al mismo tiempo, el 69% afirma que sus ingresos no alcanzan y el 71% tiene problemas para pagar sus cuentas mensuales. Los recortes se sienten en sectores sensibles: alimentos (32%), entretenimiento (22%) e indumentaria (14%).
El 59% de los consultados califica la situación económica como negativa y el 57% dice que empeoró respecto a dos años atrás. Los aumentos en alimentos (57%) y servicios públicos (26%) son los más percibidos.
Además, dos de cada tres argentinos están preocupados por el dólar y cómo su suba impacta en la economía personal. Esa incertidumbre se traduce en menos consumo y en gastos postergados.




