Dejar el cargador de nuestro teléfono celular, tablet o computadora portátil conectado al enchufe una vez que los dispositivos completaron su batería es un hábito sumamente común que genera un consumo innecesario de energía denominado consumo en espera o pasivo.
Diversas organizaciones ambientales y empresas de tecnología advierten que los componentes internos de estos transformadores permanecen activos en un modo de baja potencia, lo que genera un gasto eléctrico silencioso y constante que se termina reflejando de forma directa en las facturas de luz de los hogares.
Más allá del impacto en el bolsillo y del desperdicio energético, la seguridad es otro factor determinante para desconectar estos accesorios de las tomas de corriente cotidianas.
No todos los cargadores que se comercializan en el mercado cumplen con los estrictos estándares de fabricación y homologación requeridos, lo que significa que un adaptador de baja calidad conectado de manera permanente corre un riesgo serio de sufrir sobrecalentamiento, fallas por sobrecorriente o daños severos ante eventuales fluctuaciones de voltaje en la red eléctrica de la vivienda.
Existen pautas fundamentales a tener en cuenta para cuidar tanto la integridad de la batería como la vida útil del cargador, destacándose la importancia de enchufar primero el transformador a la pared y luego conectar el cable al celular, realizando el procedimiento inverso al finalizar la carga.
Los expertos en la materia recomiendan también evitar dejar el teléfono conectado durante toda la noche para esquivar los microciclos de recarga que degradan la vida útil de las celdas de litio, siendo mucho más saludable para la batería realizar cargas cortas y frecuentes manteniéndola idealmente en un rango de entre el 20% y el 80% de su capacidad.


