
La compra mensual de alimentos y bebidas para una familia tipo de clase media en el interior de la provincia de Buenos Aires alcanzó en abril los $871.538, según un informe de la consultora Analytica. El mismo relevamiento indicó que en Olavarría y el interior bonaerense la variación interanual fue del 31,6%, “en línea con los índices de inflación difundidos por el Indec”.
Sin embargo, detrás de los números aparece una realidad que comerciantes y consumidores perciben todos los días: el deterioro del poder adquisitivo y la caída sostenida del consumo.
“El gran problema que tenemos es que la enorme mayoría de los olavarrienses ha perdido poder adquisitivo porque sus salarios perdieron contra la inflación. Hoy pueden comprar bastante menos de lo que podían comprar hace un año”, resumió ante Info Noticias Olavarría el propietario de un reconocido mercadito céntrico.

La retracción del consumo ya se refleja en distintos sectores comerciales de la ciudad. En supermercados, autoservicios y pequeños comercios barriales, las ventas muestran un marcado retroceso.
“Cada vez entra menos gente. Y además, quienes vienen compran menos que antes. O achican cantidades o pasan a marcas más baratas. Pero de algún modo todos se van ajustando para intentar llegar a fin de mes”, explicó otro comerciante del rubro alimenticio.
En Olavarría, la crisis también se hace sentir en el movimiento comercial del centro y una muestra visible es la creciente cantidad de locales vacíos y carteles de alquiler en distintas cuadras de la ciudad.

Durante la primera semana de mayo, los relevamientos privados detectaron subas más fuertes en productos frescos, especialmente frutas y verduras, afectadas por cuestiones estacionales y logísticas. También hubo aumentos en carnes y derivados, aunque menores a los registrados durante el primer trimestre del año.
En paralelo, productos de almacén, bebidas y artículos de limpieza mostraron una dinámica más moderada e incluso cierta estabilidad en algunas cadenas comerciales.
Economistas consultados por distintas firmas privadas sostienen que la desaceleración inflacionaria responde, en parte, a la fuerte caída del consumo, que limita la posibilidad de trasladar mayores costos a los precios finales. A eso se suma una relativa estabilidad cambiaria y una menor presión sobre productos importados.
Consultoras como LCG y EcoGo advirtieron que todavía es prematuro hablar de una estabilización definitiva de los precios, aunque reconocen que la dinámica actual es menos acelerada que la registrada hacia fines de 2025.
Mientras tanto, en los comercios locales la preocupación sigue creciendo. La desaceleración de los aumentos no alcanza para revertir la pérdida de ingresos ni para recuperar un consumo que continúa golpeado por la situación económica cotidiana.





