Un taller de cerámica único en la ciudad, fruto de la articulación entre la Escuela Especial Nº505 y el espacio DORA, demuestra cómo una estrategia pedagógica sensible puede transformar limitaciones en destreza, abriendo caminos de autonomía e inserción laboral para adultos con ceguera o baja visión.

En un rincón de Hornos 3081, el silencio habla. No es un silencio vacío, sino uno poblado de concentración, donde las manos son los ojos y el tacto, el sentido rector. Aquí, en el espacio DORA, el próximo sábado 20 de diciembre a las 18:00 horas, se celebrará mucho más que un lanzamiento de productos. Se presentará al mundo “DORA & 505”, una línea exclusiva de cerámica que es, ante todo, un testimonio tangible de resiliencia, pedagogía adaptada y potencial laboral conquistado.
La iniciativa nace del Grupo de Trabajo 2 del taller de la Escuela de Educación Especial Nº505, integrado por personas adultas con ceguera o disminución visual. Lejos de ser una actividad ocupacional, el proyecto se erige sobre un sólido andamiaje pedagógico comunitario. “El objetivo siempre fue claro: generar autonomía e independencia”, explica la fundamentación del proyecto escolar que acompaña a DORA. Cada clase es un ejercicio meticuloso de adaptación, donde las consignas se transmiten de manera verbal y táctil, y donde los referentes espaciales y las texturas del material –la arcilla húmeda, la pieza ‘en cuero’, el gres bisqueado– se convierten en el mapa que guía la creación.
Rocío Levato, creadora y dueña del espacio DORA, encontró en este cruce la materialización de un sueño que une su pasión por la cerámica y el arte con el legado de manos hábiles de su abuela, que le da nombre al lugar. “Cada pieza que nace aquí lleva una historia de dedicación y paciencia infinita. Ajustamos los procesos, afinamos los detalles desde lo que se siente, no desde lo que se ve, buscando siempre la excelencia desde otra percepción”, comparte Levato. Su espacio se transformó así en un puente entre el taller protegido y la comunidad, ofreciendo una plataforma de visibilidad y venta real.
La pedagogía detrás de cada taza, plato o cuenco es invisible al ojo, pero esencial. Expertos en educación especial destacan que proyectos como este se enmarcan en la “teoría del andamiaje”, donde el docente o facilitador provee los soportes necesarios –en este caso, adaptaciones técnicas, guías táctiles y secuenciación de pasos– que se van retirando a medida que el aprendiz gana competencia e independencia. El barro, dúctil y sensible, se revela como el medio ideal: responde a la presión, registra cada gesto y permite una lectura completa a través de las yemas de los dedos.
“Al principio era solo una masa fría y amorfa. Ahora siento la curva perfecta de un cuenco antes de que exista. Mis manos lo saben”, podría testimoniar uno de los artistas, cuya identidad se funde en el trabajo colectivo del taller. Esta línea “505” no es solo una colección de objetos; es la prueba de que, cuando la pedagogía se ejerce con sensibilidad e innovación, las barreras se desdibujan. Las piezas, con sus formas orgánicas y texturas deliberadas, invitan a quien las compra a tocar, a sentir la huella única de un proceso donde la vista fue un sentido secundario.
El evento del sábado, por tanto, trasciende lo comercial. Es la coronación de un ciclo pedagógico exitoso y el inicio de un camino laboral concreto. Valorar estas propuestas de articulación, como señala el área de Educación, es reconocer que la capacidad de trabajo y creación es universal. Que en las manos de estos adultos, el barro no se moldea: se transforma en un símbolo poderoso de inclusión, superación y belleza hecha desde la diferencia. (InfoNoticias)


