El uso de inteligencia artificial en las escuelas bonaerenses genera una crisis de confianza. Luis Lubeck, especialista en ciberseguridad, analiza el impacto de una tecnología que «alucina» y que obliga a los profesores a replantearse el aula desde cero.

Por Redacción Infocielo
La irrupción de la inteligencia artificial, con ChatGPT a la cabeza, ha dejado de ser una novedad tecnológica para convertirse en un desafío cotidiano en las aulas argentinas. Luis Lubeck, especialista en ciberseguridad, analizó en diálogo con La Cielo cómo esta herramienta transversal está obligando a reevaluar todo el sistema de enseñanza y aprendizaje.
Uno de los puntos más críticos es la honestidad académica y la capacidad de control. Lubeck relató experiencias directas en escuelas secundarias que exponen la realidad actual: “A veces uno hasta en complicidad le dice: ‘Bueno chicos, ¿cuántos de ustedes hicieron un trabajo práctico 100% con ChatGPT?’. Bueno, levantan la mano. ¿Qué notas se sacaron? 9 o 10. ¿Cuántos hicieron copy-paste de esos 9 o 10? El 80% mantiene la mano levantada”.
Ante este escenario, la respuesta de los educadores es de desconcierto. “Los profesores me dicen: ‘No tenemos herramientas para darnos cuenta si usaron inteligencia artificial en lo que me entregaron’”, señaló el especialista, marcando la urgencia de cambiar la forma en la que se evalúan los conocimientos.
Las “alucinaciones” de la IA
Un riesgo latente es la confianza ciega en la herramienta. Lubeck advierte que la IA está lejos de ser infalible y menciona el concepto de “alucinaciones”: “ChatGPT, cuando no sabe algo, no te dice ‘esto no lo sé’, lo intenta acomodar. La realidad es que hoy tiene todavía muchísimos errores”.
Por este motivo, recalca que los alumnos deben mantener una mirada crítica: “Uno tampoco debería confiar 100% en una sola fuente de información. No es que yo agarro una enciclopedia y hago copy-paste porque todo es correcto; hay que tener la capacidad de interpretar si lo que contesta es lógico”.
Sobre la reciente prohibición de celulares en escuelas de la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, Lubeck se mostró cauto. Si bien entiende la medida para frenar la adicción a las pantallas, advierte sobre la brecha digital: “Ese chico cuando sale de sexto año a un trabajo, necesita usar correctamente dispositivos móviles. El desafío ahora va a ser cómo amalgamar esas dos cuestiones”.
Para el experto, la clave no es evitar la tecnología, sino dotar a los jóvenes de competencias digitales: “Bien utilizada nos ayuda muchísimo en el ámbito laboral para ahorrar tiempos de proceso o correcciones de textos. El desafío está en cómo enseñamos a que sea bien utilizada”. (Infocielo)


