Vinos sin alcohol: crece el interés en Argentina y las bodegas apuestan a un nuevo mercado

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Un estudio estima que entre 4 y 4,4 millones de hogares argentinos muestran interés por los vinos de baja graduación o sin alcohol. Mientras algunas bodegas amplían su oferta, otras preparan nuevos lanzamientos y el sector debate si estos productos pueden conservar la identidad del vino tradicional.

Los vinos de baja graduación y sin alcohol comienzan a ganar espacio en el mercado argentino. Aunque se trata de una categoría todavía incipiente, distintas bodegas empezaron a desarrollar alternativas para consumidores que buscan moderar la ingesta de alcohol sin renunciar a la experiencia de compartir una copa.

El potencial comercial despertó el interés de la industria vitivinícola. Un estudio encargado por el Fondo Vitivinícola Mendoza y realizado por Worldpanel by Numerator estimó que entre 4 y 4,4 millones de hogares argentinos estarían interesados en opciones de baja graduación o sin alcohol.

La tendencia, con mayor desarrollo en Europa, comienza a ganar visibilidad en el país, impulsada por nuevos hábitos de consumo y la búsqueda de alternativas para distintas ocasiones.

Las bodegas amplían su oferta

Nieto Senetiner es una de las empresas que ya incursionó en este segmento. La bodega comenzó con un espumante Brut 0% y luego amplió su propuesta con etiquetas Chardonnay, Malbec Rosé y Malbec-Pinot Noir.

Delfina D’Alessandro, gerente de Marketing de la compañía, explicó que perciben un creciente interés por estos productos y consideró que existe un mercado con potencial de expansión, aunque todavía es necesario que más consumidores conozcan y prueben las alternativas disponibles.

Desde la empresa sostienen que los vinos sin alcohol no necesariamente buscan reemplazar a los tradicionales, sino sumar nuevas ocasiones de consumo. Entre ellas mencionan almuerzos laborales, comidas cotidianas y momentos en los que una persona prefiere evitar el alcohol.

Una mirada similar comparten desde Mil Demonios, donde identifican interés entre consumidores jóvenes y personas que buscan acompañar comidas o situaciones sociales con bebidas sin alcohol. Sin embargo, reconocen que todavía no existe un perfil predominante de consumidor debido al carácter reciente de la categoría.

A la oferta también se sumará Domaine Bousquet, que prepara el lanzamiento de Doble Cero, un vino sin alcohol previsto para fines de 2026.

¿Un complemento o un reemplazo del vino tradicional?

Los datos del estudio del Fondo Vitivinícola Mendoza aportan algunas pistas sobre el comportamiento de los consumidores. Según el relevamiento, el 56% de quienes incorporarían estos productos lo haría sin abandonar las bebidas que consume habitualmente.

Entre quienes sí reemplazarían alguna opción, el 46% señaló al vino tradicional, mientras que el 22% sustituiría la cerveza regular y el 20% dejaría de consumir gaseosas.

Estas cifras abren un interrogante para la industria: si los vinos sin alcohol ampliarán las ocasiones de consumo o si, al menos en parte, competirán con las etiquetas convencionales.

Las bodegas que ya participan del segmento consideran que ambas categorías pueden convivir y responder a necesidades diferentes. En esa línea, desde Mil Demonios estiman que los vinos sin alcohol podrían adquirir mayor relevancia durante los próximos cinco a diez años, aunque evitan proyectar qué proporción del mercado llegarían a representar.

El desafío de conservar los aromas y sabores

Uno de los principales obstáculos técnicos consiste en retirar el alcohol sin perder las características sensoriales asociadas al vino.

El proceso comienza con la elaboración de un vino convencional y continúa con una etapa de desalcoholización. Según explicó Nieto Senetiner, se utilizan tecnologías que trabajan a baja temperatura y al vacío para extraer el alcohol y preservar, en la medida de lo posible, el perfil aromático y gustativo.

La tarea no es sencilla: el alcohol contribuye al equilibrio y a la percepción del producto, por lo que su eliminación modifica las características finales. Además, el procedimiento incorpora costos adicionales a los de la elaboración del vino base.

Los blancos y rosados pueden presentar resultados sensoriales más cercanos a los de un vino convencional que algunos tintos, debido a sus diferencias de color y composición.

El debate sobre la identidad del vino

El crecimiento de esta categoría no genera consenso entre todos los referentes de la industria. José “Pepe” Zuccardi, uno de los nombres reconocidos de la vitivinicultura argentina, distingue entre los vinos de baja graduación y los productos completamente desalcoholizados.

Zuccardi considera viable la elaboración de vinos de entre 7 y 10 grados alcohólicos mediante técnicas como la cosecha anticipada o la fermentación parcial. En su opinión, estas alternativas pueden alcanzar una buena calidad.

Su postura es diferente respecto de los productos 0%. Según planteó en declaraciones a Ámbito, una vez que el vino fermentado atraviesa un proceso para retirar completamente el alcohol, el resultado pasa a ser, a su criterio, otra bebida.

El referente también cuestionó el equilibrio sensorial de algunos productos que probó, aunque reconoció que existe un mercado interesado y que la evolución tecnológica podría mejorar los resultados.

La discusión pone sobre la mesa una cuestión central para el sector: hasta qué punto es posible modificar un producto tradicional para adaptarlo a nuevos hábitos sin alterar su identidad.

Un mercado que busca consolidarse

Por ahora, las estimaciones sobre el interés potencial de millones de hogares y la llegada de nuevas etiquetas muestran que las bodegas comienzan a explorar una oportunidad comercial.

La moderación, las nuevas ocasiones de consumo y la búsqueda de alternativas sin alcohol aparecen entre los factores que impulsan el desarrollo de la categoría.

Mientras algunas empresas apuestan por ampliar su oferta, otras mantienen reparos sobre la calidad y la identidad de estos productos. En ese escenario, el desafío será conquistar consumidores, mejorar los procesos de elaboración y determinar qué lugar ocuparán los vinos de baja graduación y sin alcohol dentro de la industria vitivinícola argentina.

Fuente Ámbito Financiero

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