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domingo 11 enero 2026

Un siglo en la sombra: los 100 años de prohibición del cannabis entre estigmas, ciencia y un futuro incierto

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En 2025 se cumplen cien años de la ley que criminalizó la marihuana en Argentina, pionera en la región. Un recorrido histórico que atraviesa demonización, activismo, descubrimientos científicos y un debate actual que tensiona salud, economía y libertades individuales.

En 1925, bajo la influencia de convenios internacionales y narrativas moralizantes, Argentina sancionó el decreto que prohibía el “uso médico, la tenencia y el comercio de marihuana”.

Una centuria después, la planta del cannabis (Cannabis sativa L.) se encuentra en el centro de un complejo debate que oscila entre su consideración como droga peligrosa y su revalorización como recurso terapéutico e industrial. Este siglo de prohibición, marcado por la “Guerra contra las Drogas” y el estigma social, hoy se fisura ante la evidencia científica, el activismo de pacientes y las nuevas realidades legales en el mundo y en el país.

La construcción del estigma: una prohibición pionera (1925-1970)
La criminalización del cannabis en Argentina no fue un hecho aislado. Se enmarcó en la Convención Internacional del Opio de 1925, celebrada en Ginebra, donde se incluyó por primera vez el “cáñamo indio” como sustancia a controlar, bajo presión de países como Egipto y Turquía, como documenta el historiador Martin Booth en su obra «Marihuana: la historia».

El decreto argentino, impulsado por el Dr. Manuel Balado, se basó en discursos que asociaban la planta con la locura, la violencia y la degradación moral, muchas veces alimentados por prejuicios raciales y de clase, según consta en investigaciones de la Revista Sociohistórica de la Universidad Nacional de La Plata. Durante décadas, el cannabis permaneció en un cono de sombra, su uso asociado a la marginalidad y severamente penalizado, consolidando un paradigma puramente prohibicionista.

El giro terapéutico y el activismo (1980-2010)
El último cuarto del siglo XX trajo un cambio de paradigma desde la ciencia. El descubrimiento del sistema endocannabinoide en el cuerpo humano –una red de receptores que interactúa con los compuestos de la planta– a principios de los 90 por los investigadores Raphael Mechoulam y William Devane, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, proporcionó una base biológica para sus aplicaciones médicas.

Paralelamente, el activismo de colectivos de pacientes, especialmente padres de niños con epilepsias refractarias, comenzó a presionar a los Estados. En Argentina, este movimiento cobró fuerza mediática en la década del 2010, desafiando el relato único sobre la planta y poniendo en primera plana la distinción fundamental entre uso terapéutico –dirigido a aliviar síntomas o tratar enfermedades con productos estandarizados– y uso recreativo –consumo orientado a la búsqueda de efectos psicoactivos–.

La bisagra legislativa y el presente ambivalente (2010-2025)
El siglo XXI encontró a Argentina en un proceso de reforma parcial. En 2017, se sancionó la Ley 27.350 de “Investigación Médica y Científica del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus Derivados”, un hito impulsado por las familias organizadas, según consta en los debates del Diario de Sesiones del Congreso Nacional.

Sin embargo, la ley se centró únicamente en el aspecto medicinal y dejó en un limbo regulatorio el autocultivo, situación que se modificó parcialmente con un decreto reglamentario en 2020 que lo permitió para algunos pacientes bajo registro. En 2022, un fallo de la Corte Suprema de Justicia (caso “Fundación Cultura Sana”) declaró inconstitucional penalizar el cultivo para uso personal, abriendo un nuevo flanco en el debate, según la sentencia accesible en los registros del máximo tribunal.

En la actualidad, el panorama es un mosaico de posturas. A favor de la regulación integral (medicinal, industrial y recreativa) se alinean organizaciones de pacientes, sectores de la agricultura familiar, economistas que ven una nueva industria y académicos que esgrimen el fracaso del prohibicionismo en reducir el consumo, tal como argumenta la Campaña por la Regulación Legal del Cannabis. En contra, se posicionan sectores conservadores, algunas asociaciones antidrogas y representantes de seguridad, quienes, según manifiesta públicamente la Asociación Antidrogas de la República Argentina, advierten sobre posibles aumentos en el consumo problemático, riesgos para la salud mental en adolescentes y desafíos en el control del narcotráfico.

El cáñamo industrial: la promesa económica más allá de la flor
Un capítulo aparte, y menos controvertido, lo constituye el cáñamo industrial. Esta variedad de Cannabis sativa, con menos del 1% de THC (el compuesto psicoactivo), fue cultivada históricamente para fibra, papel y aceite. Su prohibición paralizó una industria con enorme potencial.

Hoy, proyectos de ley, como el Expediente 0005-PE-2024 presentado en la Cámara de Diputados, buscan reactivarla. Según un reporte técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el cáñamo ofrece aplicaciones en bioconstrucción (hempcrete), textiles sostenibles, alimentos ricos en proteínas, biocombustibles y plásticos biodegradables, representando una oportunidad agroindustrial y de desarrollo regional.

Lo que dice la ciencia hoy: avances y advertencias
La investigación ha avanzado significativamente. La comunidad científica reconoce, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2018 y un meta-análisis publicado en la revista The Lancet Neurology, la eficacia de los cannabinoides (especialmente CBD) para tratar formas específicas de epilepsia, dolor crónico neuropático, náuseas por quimioterapia y espasticidad en esclerosis múltiple.

Sin embargo, los expertos también advierten sobre los riesgos del consumo recreativo, particularmente en cerebros en desarrollo. Un estudio longitudinal de la Universidad de Otago, publicado en la revista Nature, asocia el consumo intensivo en adolescentes con mayor incidencia de trastornos psicóticos en personas predispuestas y alteraciones cognitivas.

La clave, señalan los especialistas, está en la calidad, dosificación y contexto de uso, diferenciando claramente productos farmacéuticos estandarizados del mercado informal.

Conclusión: un futuro por definir
Al cumplirse 100 años de prohibición, Argentina enfrenta una encrucijada. El viejo paradigma, basado en el castigo y la desinformación, convive con uno emergente que prioriza la salud pública, los derechos de los pacientes y el desarrollo económico sostenible.

El desafío legislativo de los próximos años será diseñar una regulación integral, prudente y basada en evidencia, que logre separar definitivamente el estigma de la planta de sus potencialidades médicas e industriales, cerrando un siglo de sombra para abrir una etapa de gestión responsable y conocimiento científico. (InfoNoticias)

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