El motociclista olavarriense, tres veces participante del rally más extremo del mundo, compartió con estudiantes sus vivencias deportivas y reflexiones sobre la incertidumbre, la toma de decisiones y la capacidad de sobreponerse a las dificultades.

El rally Dakar y la vida cotidiana tienen mucho más en común que la necesidad de llegar a una meta. Ambos están atravesados por la incertidumbre, los imprevistos y la obligación de tomar decisiones incluso cuando el camino no está claro. Con esa mirada, el motociclista olavarriense Juan José “Gato” Barbery, tres veces participante del Dakar, brindó una charla en la Facultad de Ingeniería de Olavarría (FIO), donde compartió experiencias y aprendizajes de su trayectoria deportiva.
La actividad se realizó este martes ante un auditorio integrado principalmente por jóvenes estudiantes de las distintas carreras de la institución. Barbery fue presentado por la decana de la FIO, María Peralta, y el docente Marcos Lavandera.
Durante el encuentro, el piloto repasó la historia del Dakar, considerado uno de los desafíos más exigentes del automovilismo y el motociclismo mundial, y trazó paralelismos entre las dificultades de la competencia y los desafíos que aparecen en la vida.
La incertidumbre como punto de partida
Apasionado por las motos desde siempre, Barbery puso el foco en la preparación física, mental y espiritual que requiere una competencia de estas características. Sin embargo, destacó que hay un componente que termina siendo determinante: “El que manda es el corazón”.
Uno de los ejes de la charla fue la pérdida de rumbo, una situación habitual en el Dakar, donde los pilotos deben interpretar el terreno y decidir cómo continuar frente a escenarios cambiantes.
“Ahí espero, pienso y resuelvo. Siempre es difícil saber qué dirección tomar”, explicó. En ese sentido, remarcó la importancia de fortalecer la confianza en las propias decisiones, aprender de los errores y desarrollar una especie de brújula interna para avanzar incluso cuando no hay certezas.
Improvisar y hacerse cargo de las decisiones
“Esto es Dakar” es una expresión habitual entre los competidores cuando las condiciones se complican y deben afrontar situaciones inesperadas. Para Barbery, la frase resume una enseñanza que también puede aplicarse a la vida cotidiana: asumir las consecuencias de las decisiones y encontrar alternativas cuando los planes no salen como se esperaba.
“Es el ejercicio de encontrarnos con nosotros mismos en un terreno hostil, donde no siempre tenemos ayuda inmediata, donde tenemos que improvisar y seguir adelante”, sostuvo.
El motociclista también compartió con los estudiantes algunas de las dificultades que debió enfrentar durante las carreras, desde problemas mecánicos y situaciones de supervivencia hasta momentos cercanos al abandono y la muerte.
A partir de esas experiencias, invitó a los jóvenes a valorar el conocimiento y la formación, incluso cuando no resulta evidente su utilidad inmediata.
“Los puntos se atan hacia atrás”, señaló, al explicar que los aprendizajes acumulados pueden convertirse, con el tiempo, en herramientas fundamentales para resolver situaciones complejas.
Aprender a perder también es parte del camino
Otro de los momentos destacados de la charla llegó cuando Barbery se refirió al fracaso y a la necesidad de aprender a convivir con él.
“Tenemos que aprender a perder. Es algo que no nos enseñan”, planteó. Y agregó que los mejores deportistas reconocen que el éxito también se construye a partir de una sucesión de fracasos.
Desde esa perspectiva, propuso dejar de entender la victoria únicamente como el resultado final y empezar a valorar el proceso, el esfuerzo y las experiencias que se acumulan durante el recorrido.
La reflexión se vinculó con una idea central de su exposición: en el Dakar, como en la vida, el objetivo no siempre consiste en ganar, sino en atravesar las dificultades y llegar enteros.
Cada día comienza una nueva etapa
En el cierre del encuentro, Barbery retomó la incertidumbre como denominador común entre la competencia y la experiencia humana. Ningún recorrido garantiza que el camino esté despejado y, muchas veces, es necesario aceptar que los planes no salieron como se esperaba para encontrar una nueva forma de avanzar.
“Todos los días empieza una nueva etapa”, insistió.
Su mensaje final apuntó a la capacidad de adaptarse, improvisar y seguir adelante con los recursos disponibles, sin perder de vista lo aprendido en el camino.
Porque, como dejó planteado ante los estudiantes de la Facultad de Ingeniería, no hace falta subirse a una moto ni atravesar las dunas de un desierto para comprender una de las principales enseñanzas del Dakar: la incertidumbre es parte del recorrido, y aprender a enfrentarla también es una forma de llegar a la meta.


