Agro y Mercosur: Argentina se diferencia de Brasil, Uruguay y Paraguay por el menor apoyo al sector

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Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario comparó las políticas agropecuarias de los cuatro países del bloque. Mientras Brasil, Uruguay y Paraguay mantienen esquemas de apoyo positivo, Argentina registra transferencias netas desde el campo hacia el resto de la economía.

Argentina comparte con Brasil, Paraguay y Uruguay el Mercosur y también una característica central: los cuatro países son exportadores netos de productos agropecuarios. Sin embargo, sus Estados mantienen estrategias muy diferentes a la hora de vincularse con el campo.

Un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) comparó las políticas de apoyo al sector agropecuario de los cuatro socios del bloque y encontró una diferencia marcada: Argentina es el único de los cuatro países donde el apoyo total presenta un saldo negativo.

Según el estudio, en 2024 las políticas públicas argentinas implicaron una transferencia neta desde el sector agropecuario hacia el resto de la economía equivalente al 15% del valor de la producción agropecuaria. En contraste, Brasil destinó recursos equivalentes al 9% de su producción al sector, mientras que Uruguay y Paraguay también registraron niveles positivos de apoyo.

El análisis fue realizado por Giuliana Dellamaggiore y Emilce Terré y utiliza la metodología de Estimaciones de Apoyo desarrollada por la OCDE y aplicada en América Latina a través de la iniciativa Agrimonitor del BID.

Cómo se mide el apoyo al campo

Para comparar las políticas de los cuatro países, la BCR analiza las transferencias que generan las distintas medidas estatales mediante cuatro grandes canales.

Uno de ellos es el Apoyo a Precios de Mercado (APM), que mide la diferencia entre el precio que recibe el productor en el mercado interno y un precio internacional de referencia.

Otro indicador son los Apoyos Directos (AD), que contempla pagos presupuestarios vinculados con la producción, los insumos o las inversiones.

El tercer componente corresponde al Apoyo a los Servicios Generales, que incluye inversiones y transferencias destinadas al sector en su conjunto, como investigación, sanidad, educación agropecuaria e infraestructura rural.

Por último aparecen las Transferencias a los Consumidores, destinadas a favorecer o proteger el acceso a determinados alimentos.

La suma de los dos primeros componentes permite calcular el Apoyo al Productor, mientras que los cuatro conforman el Apoyo Total. Este último puede adquirir valores negativos cuando las políticas terminan generando una transferencia neta desde el sector agropecuario hacia el resto de la economía.

Argentina: el impacto de los derechos de exportación

El comportamiento argentino cambió significativamente a comienzos de la década de 2000.

Entre 1997 y 2001, el apoyo total al sector agropecuario promedió apenas US$40 millones anuales, equivalente al 0,2% del valor de la producción. Los apoyos directos y los servicios generales compensaban entonces las detracciones vinculadas con los precios.

El punto de inflexión se produjo en 2002, con la reintroducción de los Derechos de Exportación (DEX) y otras medidas destinadas a desacoplar los precios internos de los valores internacionales.

Posteriormente, en 2008 se incorporaron restricciones cuantitativas a las exportaciones y durante los años siguientes se implementaron distintas medidas vinculadas con los precios de los alimentos y la industria molinera.

Como resultado, entre 2002 y 2015, las políticas agropecuarias argentinas implicaron una transferencia neta desde el sector equivalente, en promedio, al 23,7% del valor de la producción agropecuaria.

El estudio señala que las detracciones vinculadas con los precios alcanzaron a prácticamente todos los productos analizados, mientras que los apoyos directos y los servicios generales tuvieron una magnitud considerablemente menor.

Entre 2016 y 2024 el esquema se moderó, pero las distorsiones volvieron a profundizarse desde 2018, en un contexto marcado por cambios cambiarios y la posterior reintroducción de derechos de exportación.

Para ese último período, el sostén de precios representó en promedio unos US$9.100 millones anuales negativos, frente a US$256 millones de apoyos directos y US$395 millones destinados a servicios generales.

Brasil: crédito, seguros y apoyo presupuestario

La trayectoria brasileña fue diferente. Después de registrar niveles cercanos a cero en la segunda mitad de los años 90, el apoyo al sector aumentó con fuerza.

Entre 2000 y 2012, el apoyo total alcanzó un promedio equivalente al 11% del valor de la producción agropecuaria, con una fuerte participación de los apoyos al productor.

Con el paso de los años, el esquema fue modificándose. Los subsidios vinculados con créditos, inversiones y seguros agrícolas adquirieron mayor relevancia, mientras que los apoyos asociados directamente a los precios perdieron peso durante parte del período.

Entre 2021 y 2024, el sostén de precios volvió a ganar participación y se concentró principalmente en productos como algodón, maíz, leche y arroz.

En el acumulado entre 1995 y 2024, Brasil destinó aproximadamente US$242.000 millones al apoyo del sector agropecuario.

Los apoyos directos representaron casi US$100.000 millones, los servicios generales US$72.500 millones, el apoyo a precios US$46.200 millones y las transferencias a consumidores unos US$23.500 millones.

Desde 2023, el seguro agrícola se convirtió en una de las principales herramientas presupuestarias del esquema brasileño.

Uruguay: una política enfocada en los costos y la producción

Uruguay presenta una trayectoria más estable. Entre 2009 y 2013, el apoyo total al sector agropecuario representó en promedio el 5,1% del valor de la producción.

Una década después, entre 2019 y 2023, ese porcentaje llegó al 5,8%.

En este caso, una parte importante del respaldo estatal se canalizó mediante servicios generales, como investigación, innovación, transferencia de conocimiento, controles sanitarios e infraestructura.

También existen apoyos directos vinculados con la reducción de costos de determinados insumos y herramientas productivas.

Entre 2009 y 2023, Uruguay destinó aproximadamente US$2.500 millones a servicios generales, US$1.600 millones a apoyos directos y US$1.100 millones al sostén de precios.

El resultado es un modelo que, según el informe, tiende a intervenir sobre las condiciones y los costos de producción antes que sobre los precios que recibe directamente el consumidor.

Paraguay: respaldo principalmente presupuestario

Paraguay presenta otra característica dentro del bloque: no registra apoyo mediante distorsiones de precios ni transferencias a consumidores.

Su política de apoyo al sector es íntegramente presupuestaria y se divide entre servicios generales y apoyos directos.

Entre 2007 y 2008, el apoyo total promedió unos US$90 millones anuales. A partir de 2009 comenzó una etapa de expansión y ese año llegó a representar alrededor del 6% del valor de la producción agropecuaria.

Los recursos se dirigieron principalmente a infraestructura, conocimiento, innovación, formación de capital y programas destinados directamente a productores.

Entre 2007 y 2022, Paraguay destinó aproximadamente US$3.100 millones al sector agropecuario: unos US$1.600 millones en servicios generales y US$1.500 millones en apoyos directos.

El contraste: Argentina frente a sus socios del Mercosur

La comparación permite observar con claridad la diferencia entre los cuatro países.

Entre 2020 y 2022, el apoyo total representó:

Uruguay: 5,3% del valor de la producción agropecuaria.

Brasil: 4,1%.

Paraguay: 1,6%.

Argentina: -19,5%.

El signo negativo argentino significa que, en términos agregados, las políticas analizadas generaron una transferencia neta desde el sector agropecuario hacia el resto de la economía.

La principal diferencia aparece en el peso de las distorsiones de precios. El informe señala que Argentina presenta la mayor incidencia de este mecanismo entre los cuatro países y que, por cada dólar canalizado mediante apoyos directos y servicios generales, las políticas de precios generaron una transferencia negativa de aproximadamente US$13.

Brasil, por su parte, muestra una transformación progresiva de sus instrumentos, con mayor peso de los seguros agrícolas y otros mecanismos presupuestarios. Uruguay mantiene un esquema relativamente estable y Paraguay concentra su respaldo en herramientas presupuestarias.

Una diferencia que también aparece en la producción

El informe de la BCR no se limita a comparar cuánto dinero destina cada Estado al sector. También plantea la necesidad de observar cómo esas políticas se relacionan con la evolución productiva.

Los datos del USDA citados en el trabajo muestran que entre las campañas 2000/01 y 2026/27, la producción de los principales cultivos aumentó de manera diferente en cada país.

En Uruguay se multiplicó por ocho, en Brasil y Paraguay por más de tres, mientras que en Argentina se duplicó.

Como consecuencia de esas distintas velocidades de crecimiento, la participación argentina en la producción de los principales cultivos del bloque pasó del 41% al 28% durante el período analizado.

El informe advierte, además, que estudios del BID encuentran una asociación negativa entre las distorsiones de precios y la Productividad Total de los Factores (PTF), mientras que las transferencias presupuestarias destinadas a apoyos directos y servicios generales presentan una asociación positiva.

La BCR anticipó que una segunda etapa del análisis profundizará en las trayectorias de cada país y en el vínculo entre las políticas sectoriales y el desempeño de sus respectivas producciones agropecuarias.

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario y TN.

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