Coopelectric cumple 98 años: una historia marcada por el impulso cooperativo de Olavarría

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La entidad nació el 30 de septiembre de 1928 a partir de la iniciativa de un grupo de vecinos que buscaba crear una alternativa local frente al monopolio del servicio eléctrico. Cinco años después, la cooperativa inauguró su propia usina.

Este 30 de septiembre, Coopelectric conmemora su 98º aniversario, una fecha que permite recuperar los orígenes de una institución profundamente vinculada con la historia de Olavarría y con el desarrollo del movimiento cooperativo en la ciudad.

La historia comenzó en 1928, cuando el servicio eléctrico estaba en manos de una empresa privada. En ese momento funcionaba la Sociedad Anónima de Luz Eléctrica Olavarría (SALEO), que posteriormente fue adquirida por la Compañía Sudamericana de Servicios Públicos (SUDAM), un trust de capitales norteamericanos que administraba numerosas usinas en el país.

El nuevo escenario generó preocupación entre vecinos debido a las tarifas del servicio y a la proximidad del vencimiento de la concesión. Frente a esa situación comenzó a tomar forma la idea de crear una entidad local que permitiera a la comunidad participar de la prestación del servicio eléctrico.

Los vecinos que impulsaron la iniciativa

El 21 de septiembre de 1928 comenzó a difundirse un manifiesto dirigido a la población de Olavarría, mediante publicaciones en los diarios locales y volantes distribuidos en distintos sectores de la ciudad.

Dos días después, el 23 de septiembre, se realizó la primera reunión pública. Allí se sentaron las bases de la iniciativa y se convocó a un nuevo encuentro para el 30 de septiembre.

Fue entonces cuando quedó constituida la Cooperativa Municipal de Electricidad de Olavarría, con el objetivo de avanzar en una alternativa local para la prestación del servicio.

Entre los fundadores estuvieron Rodolfo F. Aramburu, Victoriano Arroyo, Francisco Baltz, Juan B. Costa Rubert, Juan A. Errecart, Jesús B. Gómez, Martín Gregorini, Sergio Herbón, Guillermo Hoffmann, Lucas Lázaro, Francisco Louge, Antonio Mazzuchi, Aristóbulo Moya, Antonio Pelegrino, Guillermo Pelliccioni Triaca, Cipriano Pérez, Claudio Presa, Dionisio Rigada, Pedro Ruiz, Federico Sacher, Guillermo Striebeck, José M. Ventre, Carlos U. Videla Rivero y Juan P. Winggler.

El respaldo de la Municipalidad

El proyecto recibió posteriormente el acompañamiento del gobierno municipal. El 29 de octubre de 1928 se sancionó una ordenanza que respaldó formalmente la creación de la cooperativa.

La normativa contempló, entre otros puntos, la posibilidad de que los vecinos suscribieran acciones por un valor máximo de 50 pesos, abonables en cuotas mensuales de dos pesos, y estableció la adhesión de la Municipalidad como entidad cooperadora.

También dispuso que, una vez constituida la sociedad, el servicio de alumbrado público sería adjudicado a la cooperativa con carácter exclusivo.

El 4 de noviembre se realizó una nueva asamblea, en la que se otorgaron facultades a la comisión organizadora para avanzar con la elaboración de los estatutos.

La disputa por el servicio eléctrico

Mientras la cooperativa intentaba consolidarse, la SUDAM avanzaba con su propio proyecto para continuar al frente del servicio eléctrico de Olavarría.

La empresa buscaba obtener una concesión por diez años y comenzó a difundir entre los vecinos las ventajas que, según sostenía, podía ofrecer una compañía de mayor escala, especialmente en materia de inversiones, generación y costos.

A pesar de esas dificultades, durante 1929 la cooperativa comenzó con la suscripción de acciones y realizó estudios para estimar la cantidad de futuros usuarios.

El proceso se desarrolló en un contexto económico y político complejo. En 1930, el golpe de Estado que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen modificó también las autoridades municipales, pero el proyecto cooperativo continuó avanzando.

Para ese momento, la iniciativa ya contaba con 821 accionistas.

De la planificación a la primera usina

La primera comisión provisoria estuvo presidida por Martín Gregorini, mientras que Antonio Pelegrino fue el primer presidente del directorio.

En agosto de 1931 se realizó una licitación para adquirir los motores destinados a la futura usina. La inversión prevista alcanzaba los 800.000 pesos, mientras que la cooperativa disponía inicialmente de unos 340.000.

En medio de una situación económica internacional adversa, las autoridades municipales respaldaron el proyecto y aportaron los recursos necesarios para concretar la adquisición de los equipos.

A fines de ese año, la institución obtuvo su Personería Jurídica y quedó registrada como cooperativa ante el Ministerio de Cultura.

El paso decisivo llegó el 26 de febrero de 1933, cuando se inauguró la denominada “Usina Popular”. La instalación contaba con motores MAN suministrados por Ericsson: uno de 300 HP y dos de 600 HP.

Un mes después, en marzo de 1933, comenzó finalmente la prestación del servicio eléctrico público y particular.

El cooperativismo como identidad

A casi un siglo de aquella iniciativa vecinal, el aniversario también permite recuperar los principios que dieron origen a la institución.

El cooperativismo propone una forma de organización basada en la participación democrática, la solidaridad, la ayuda mutua y la responsabilidad colectiva. A diferencia de otros modelos empresariales, las cooperativas son propiedad de sus asociados y se administran bajo el principio de “un asociado, un voto”, independientemente del capital aportado por cada integrante.

Estos principios buscan colocar a las personas y sus necesidades en el centro de la actividad, promoviendo la participación y la construcción colectiva.

En las comunidades donde funcionan, las cooperativas también pueden desempeñar un papel que excede la prestación de servicios: generan empleo, promueven iniciativas sociales y productivas y contribuyen al desarrollo local.

En el caso de Coopelectric, sus primeros pasos estuvieron vinculados precisamente con una iniciativa surgida desde la comunidad: un grupo de vecinos que, frente a un escenario que consideraba desfavorable, decidió organizarse para construir una alternativa propia.

98 años después, aquella experiencia forma parte de la historia institucional y productiva de Olavarría y del recorrido del cooperativismo local.

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