Especialistas analizaron cómo la hiperconexión puede afectar la atención, los vínculos y el rendimiento escolar, y explicaron por qué las propias plataformas están diseñadas para mantener a los usuarios frente a la pantalla.
El uso del celular se incorporó a prácticamente todos los momentos de la vida cotidiana: mientras esperamos el colectivo, caminamos, estamos en un semáforo o incluso cuando compartimos una mesa con otras personas. Para los especialistas, esa presencia permanente puede tener consecuencias sobre la concentración, los vínculos sociales y el bienestar.
Así lo plantearon el biólogo Fabricio Ballarini y el lingüista Juan Diego Bonin durante una entrevista en Infobae en Vivo, donde analizaron los mecanismos que hacen que revisar el teléfono se convierta muchas veces en un comportamiento automático.
Un dispositivo que dejó de ser solamente una herramienta
Ballarini señaló que la pantalla fue ocupando espacios que anteriormente estaban destinados a la espera, la conversación o simplemente a observar el entorno.
“Se fue colando en la parada de subte, la parada de colectivo, mientras caminás, en el semáforo”, explicó.
El investigador también se refirió a situaciones habituales entre jóvenes, como grupos de amigos que se reúnen en una plaza o un bar y permanecen cada uno concentrado en su propio dispositivo.
“Es bastante habitual verlos en una plaza, en un bar, donde las cinco o seis personas están todas mirando el celular. No hay una interacción”, sostuvo.
Según Ballarini, las consecuencias no se limitan a la sociabilidad. También pueden involucrar cuestiones vinculadas con la postura, la atención y la salud mental.
Bonin, en tanto, planteó que el teléfono inteligente tiene una característica que lo diferencia de otras herramientas. Mientras una lapicera o un dispositivo utilizado para una tarea puntual se toma y luego se deja, el celular concentra cada vez más actividades de la vida cotidiana.
“El celular ya no es una tecnología que nos sacamos de encima, sino que es un lugar en el cual transcurre parte de nuestra vida”, explicó.
Para el lingüista, esa relación también involucra la cognición y las emociones. La expectativa por recibir mensajes, alertas o notificaciones mantiene al usuario pendiente del dispositivo incluso cuando no existe una tarea concreta que realizar.
Notificaciones y scroll infinito
Los especialistas también analizaron el diseño de las aplicaciones y las redes sociales. Bonin sostuvo que determinadas herramientas digitales están pensadas para captar y mantener la atención de los usuarios.
Entre ellas mencionó las notificaciones y el scroll infinito, mecanismos que permiten continuar consumiendo contenido sin llegar a un punto claro de finalización.
Las notificaciones, explicó, aprovechan una característica del cerebro relacionada con la detección permanente de señales del entorno. De esta manera, una alerta puede generar la necesidad de comprobar qué ocurrió, aunque el usuario no estuviera realizando ninguna actividad relacionada con el teléfono.
Ballarini, por su parte, puso el foco en los algoritmos de recomendación de contenido. Según explicó, las plataformas buscan ofrecer videos y publicaciones que reduzcan la posibilidad de que el usuario abandone la aplicación.
“Te muestran videos que no elegiste, que no sabés de qué son”, señaló.
El investigador describió además cómo los sistemas de recomendación pueden aprender rápidamente de los contenidos que una persona observa y utilizar esa información para ofrecer materiales similares.
La preocupación por el uso del celular entre adolescentes
Durante la entrevista, Ballarini también hizo referencia al tiempo de exposición a las pantallas entre los adolescentes.
Según sus observaciones, los jóvenes pueden pasar alrededor de seis horas y media por día frente a una pantalla, con TikTok como una de las principales aplicaciones utilizadas.
El investigador relacionó ese tiempo con la duración extremadamente breve de muchos de los contenidos consumidos en la plataforma y señaló que, acumulado a lo largo de un año, representa una cantidad considerable de horas de vida despierta.
Sin embargo, Bonin planteó que el análisis no debería concentrarse únicamente en contabilizar cuánto tiempo se utiliza el teléfono.
“El problema no es solamente el tiempo que estás en el teléfono, sino qué hacés con ese tiempo cuando no estás en el teléfono”, sostuvo.
Recuperar actividades fuera de las pantallas
Para Bonin, una de las claves consiste en observar qué actividades son desplazadas por el uso del dispositivo.
Caminatas, actividad física, encuentros con amigos, lectura o salidas pueden quedar relegados cuando el tiempo libre es ocupado sistemáticamente por el consumo de contenidos digitales.
Por eso, recomendó buscar actividades capaces de darle sentido al tiempo que se pasa lejos del teléfono.
Entre las estrategias mencionadas por los especialistas aparecen revisar las opciones de bienestar digital, eliminar aplicaciones que generan un uso excesivo, mantenerlas fuera del campo visual y establecer reglas de utilización en ámbitos como el hogar, la escuela o el trabajo.
El objetivo no sería simplemente abandonar la tecnología, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo y para qué utilizarla, evitando que la revisión automática del celular termine ocupando cada vez más espacios de la vida cotidiana.
Fuente: Infobae


