Blanco de la represión: los estudiantes representaron más del 20% de los desaparecidos en la dictadura

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En el marco del 50° aniversario de La Noche de los Lápices, los registros históricos y el informe de la CONADEP confirman que 349 alumnos de enseñanza media de entre 13 y 17 años fueron desaparecidos. La Doctrina de la Seguridad Nacional consideró a las aulas y a los centros de estudiantes como campos de batalla ideológicos para abortar el recambio generacional.

Al cumplirse 50 años de los secuestros ejecutados en La Plata durante La Noche de los Lápices, los datos estadísticos sobre el impacto del terrorismo de Estado en la Argentina revelan que la juventud fue uno de los objetivos prioritarios del régimen militar instalado en marzo de 1976.

Según los registros oficiales de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), los estudiantes representaron el 21% del total de las personas desaparecidas en el país, mientras que la franja etaria comprendida entre los 13 y los 25 años concentró el 43% de los casos documentados.

En el nivel secundario, la cifra asciende a 349 adolescentes de entre 13 y 17 años que fueron víctimas de secuestros, torturas y desaparición forzada en el marco de un plan deliberado.

Este ensañamiento sistemático contra las comunidades educativas no respondió a excesos aislados, sino a una estrategia represiva diseñada para neutralizar la efervescencia política, social y cultural que la juventud global y nacional venía protagonizando desde finales de la década de 1960.

Las aulas como campo de batalla y el control de la cultura juvenil

De acuerdo con los documentos de las propias Fuerzas Armadas presentados en los juicios por delitos de lesa humanidad, las escuelas y universidades eran consideradas por la Junta Militar como semilleros de formación ideológica y relevo político.

Bajo el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, el Ministerio de Cultura y Educación llegó a distribuir en 1977 el manual oficial «Subversión en el ámbito educativo», donde se señalaba que el pensamiento crítico transmitido por docentes y la participación en centros de estudiantes constituían las primeras fases de la infiltración enemiga.

Sumado a la persecución del activismo gremial estudiantil, el régimen aplicó un estricto control sobre las formas de sociabilidad de la época. La prohibición de reuniones públicas, la censura de libros, películas y música, junto con la imposición de rigurosos códigos de conducta y vestimenta en los colegios, buscaron desarraigar cualquier manifestación de rebeldía en la vida cotidiana de las y los jóvenes.

Impacto geográfico y el caso de la Universidad Nacional de La Plata

Aunque la masividad del secuestro de estudiantes secundarios en La Plata cobró visibilidad mundial a través de los testimonios y la reconstrucción cinematográfica de 1986, la desaparición de alumnos fue una práctica extendida en los principales centros urbanos del país, tales como la Ciudad y el Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Tucumán y Bahía Blanca.

Hacia el interior del sistema de educación superior, la Universidad Nacional de La Plata se convirtió en la casa de estudios más golpeada por la represión, concentrando más del 70% de los estudiantes universitarios desaparecidos.

Su variada composición social, alimentada por hijos de trabajadores provenientes del interior del país y del conurbano, la posicionó como uno de los epicentros del accionar represivo, cuyo trasfondo histórico se recuerda cada 16 de septiembre en el Día Nacional de la Juventud.

Fuente: C5N

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