La tecnología permite grabar imágenes y videos de manera discreta y ya genera preocupación por sus posibles usos contra la privacidad. Noruega analiza regular estos dispositivos.
Las gafas inteligentes, una tecnología que permite tomar fotografías y grabar videos sin necesidad de utilizar un teléfono, comenzaron a generar preocupación por el impacto que pueden tener sobre la privacidad de las personas.
En las últimas semanas, una tendencia que se volvió viral en redes sociales puso el foco sobre uno de los posibles usos problemáticos de estos dispositivos: hombres que filman en espacios públicos a mujeres sin su consentimiento y luego publican las imágenes en plataformas como TikTok e Instagram.
Las gafas inteligentes incorporan cámaras y permiten realizar múltiples funciones: sacar fotos, grabar videos, escuchar música, atender llamadas, traducir idiomas, proyectar información o mapas y hasta interactuar con asistentes de inteligencia artificial.
Si bien sus defensores destacan las posibilidades que ofrecen, especialmente como herramienta de asistencia para personas ciegas o con discapacidad visual, especialistas advierten que también pueden utilizarse para grabar, exponer o humillar a otras personas sin que estas lo sepan.
Una tendencia que llegó a las redes argentinas
En TikTok comenzó a difundirse especialmente el formato conocido como “can I get your number?” —“¿puedo tener tu número?”—, en el que los protagonistas se acercan a mujeres para pedirles su teléfono mientras las filman desde una perspectiva en primera persona.
El fenómeno comenzó principalmente en países de habla inglesa, pero también empezó a replicarse entre influencers argentinos.
Algunos de los videos fueron registrados en distintos espacios públicos y eventos, entre ellos festejos relacionados con el Mundial, fiestas y encuentros sociales en Buenos Aires.
Una joven que asistió a una fiesta en un boliche de la Ciudad de Buenos Aires relató que descubrió que estaba siendo filmada por los anteojos de un hombre durante una conversación.
Según contó, advirtió que el dispositivo tenía una pequeña luz que titilaba y le preguntó si se trataba de anteojos capaces de grabar. La respuesta que recibió fue que el video sería publicado posteriormente en Instagram.
El caso refleja una de las principales preocupaciones alrededor de esta tecnología: la dificultad para que las personas que aparecen en las imágenes sepan que están siendo registradas y puedan prestar su consentimiento.
Noruega analiza nuevas regulaciones
Ante el avance de esta tecnología y los posibles conflictos vinculados con la privacidad, Noruega analiza establecer regulaciones específicas para el uso de gafas inteligentes.
El debate plantea un desafío para los organismos reguladores: cómo aprovechar las ventajas de dispositivos cada vez más sofisticados sin permitir que se conviertan en herramientas para vulnerar la intimidad.


