Un informe del Instituto Argentina Grande advierte que el 45,2% de los ocupados se encuentra en condiciones de desprotección laboral. Jóvenes, mujeres y adultos mayores son los grupos más afectados.
El mercado laboral argentino atraviesa una transformación marcada por el crecimiento del empleo sin protección y la pérdida de puestos registrados. Desde 2024, alrededor de 350 mil personas se incorporaron a ocupaciones desprotegidas, mientras se redujeron puestos tanto en el sector público como en el empleo privado formal.
Los datos surgen de un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondientes al primer trimestre de 2026. Según el relevamiento, el 45,2% de las personas ocupadas se encuentra actualmente en situación de desprotección laboral.
El concepto incluye a trabajadores que realizan actividades sin aportes, sin estabilidad o continuidad laboral y, en muchos casos, sin una estructura o capital propio que les permita desarrollar una actividad independiente de manera consolidada.
En ese contexto, las changas y distintas formas de informalidad aparecen como una alternativa frente a la dificultad para acceder o permanecer en un empleo registrado.
Menores ingresos y mayor precariedad
La pérdida de calidad del empleo también tiene un fuerte impacto sobre los ingresos. Durante el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de los trabajadores alcanzó los $1.076.056 mensuales.
Sin embargo, entre los trabajadores por cuenta propia el ingreso promedio fue de aproximadamente $524.000, un 51% inferior a la media. En el caso de los asalariados informales, llegó a unos $700.000, un 35% por debajo del ingreso promedio, según datos del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).
De esta manera, el deterioro del mercado laboral no se limita a la cantidad de puestos disponibles: también se refleja en qué tipo de empleo consiguen quienes salen del mercado formal y cuánto perciben por esas actividades.
Los jóvenes, entre los más afectados
Uno de los grupos que registra mayor avance de la desprotección es el de los jóvenes. De acuerdo con el informe, la tasa pasó del 53% en 2024 al 62% en 2026.
Entre los varones jóvenes se perdieron 30 mil puestos en el sector público y otros 96 mil empleos privados protegidos, lo que representa una pérdida de 126 mil puestos considerados de calidad.
Parte de esos trabajadores pasó a desarrollar actividades precarias. El IAG contabilizó un incremento de 65 mil jóvenes dentro del universo de trabajadores desprotegidos.
Las mujeres también sufren el deterioro
La transformación del mercado laboral presenta además un fuerte impacto diferencial según el género.
En los últimos dos años, la cantidad de mujeres que trabajan en el sector privado desprotegido aumentó 14,1%, frente a un incremento del 9,3% entre los varones.
El informe vincula parte de esta diferencia con la reducción del empleo público. De los 212 mil puestos estatales destruidos desde el cambio de gestión, 132 mil correspondían a mujeres y 79 mil a varones.
Más adultos mayores vuelven a trabajar
Otro dato que aparece en el relevamiento es el crecimiento de la participación laboral de las personas en edad jubilatoria.
Según el IAG, la cantidad de adultos mayores que permanecen o regresaron al mercado de trabajo aumentó un 14% en los últimos dos años. El organismo relaciona este fenómeno con el nivel de los ingresos y señala que quienes vuelven a trabajar lo hacen, en su mayoría, en actividades precarias.
El escenario plantea así una situación en la que los puestos registrados que desaparecen no necesariamente son reemplazados por empleos de similares características, sino por ocupaciones con menores ingresos, menos estabilidad y menor cobertura social.
Una transformación que va más allá del desempleo
Los datos muestran que la evolución del mercado laboral no puede analizarse únicamente a partir de la tasa de desempleo. Una persona puede continuar siendo contabilizada como ocupada y, al mismo tiempo, haber pasado de un empleo registrado a una changa, un trabajo informal o una actividad sin aportes ni estabilidad.
El avance de estas modalidades también representa un desafío para el movimiento sindical, ya que la expansión del empleo desprotegido impacta sobre salarios, jubilaciones, cobertura social, convenios colectivos y representación gremial.
En este sentido, el informe advierte sobre un cambio en la composición del empleo argentino: mientras se reducen determinadas fuentes de trabajo formal, crecen las ocupaciones de menor calidad como mecanismo de supervivencia e inserción laboral.
Fuente: Mundo Gremial


