Grabada en 2021 por el dibujante Tute y editada tras el reciente fallecimiento del líder ricotero, la charla expone la cara más humana del mito. El músico confesó su total falta de fe en el más allá y su mirada sobre la vejez.
«Que las respuestas del Indio, del ‘Entusiasta Sereno’ (como firmó uno de aquellos mensajes), queden sin publicar sería injusto», argumentó Tute al liberar el archivo, revelando que tras la propuesta inicial en 2021 ambos habían entablado un ida y vuelta cotidiano signado por la calidez y el humor.
Una partida en estado de inocencia
El núcleo de la entrevista gira en torno a cómo el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota metabolizaba el tramo final de su camino, condicionado desde hacía años por los dolores físicos derivados del Mal de Parkinson:
- El miedo a la decrepitud, no al final: Con la honestidad brutal que siempre caracterizó su pluma, el cantante desmitificó el temor al último suspiro y puso el foco en el desgaste del cuerpo. «Lo que no me gusta no es la muerte, no me gusta el dolor o todo el sufrimiento de la decrepitud», admitió ante el micrófono, diferenciando el hecho biológico de morir del calvario de la enfermedad.
- Sin preguntas para el final: Al ser consultado sobre qué le plantearía a la muerte si pudiera tenerla frente a frente, el Indio se mostró tajante. «No tengo nada que preguntarle. Si va a doler, no sé. No, no tengo nada que preguntarle. Entiendo muy bien que el restaurante de la naturaleza funciona de esa manera y que todos se han muerto los que se han muerto y todos están vivos los que están vivos y se van a morir. Y es así».
El peso del agnosticismo y la ley de la naturaleza
A diferencia de otros artistas que buscan refugio en la espiritualidad al aproximarse a la vejez, Solari ratificó en este diálogo la cosmovisión racional y agnóstica que cruzó de punta a punta toda su obra poética:
El vacío de la fe: «No tengo fe en eso. Y la fe… no se puede hacer nada cuando carecés de eso. Y nunca tuve una revelación ni una epifanía, nada que me indique que hay un más allá, algo. No, voy en un estado de inocencia, realmente», confesó el músico, describiendo su destino final como un salto al vacío sin promesas de redención ni reencuentros celestiales.
Para graficar la encrucijada del pensamiento occidental frente al dolor, el Indio rescató una vieja anécdota antropológica sobre una comunidad nativa de la India que imaginaba la vida después de la muerte exactamente idéntica a la terrenal, pero libre de dolencias corporales. La analogía sirvió para sellar su propia postura: una aceptación calma de las reglas de juego de la biología, entendiendo que el final es apenas el cierre de un ciclo natural y que la verdadera inmortalidad ya había quedado asegurada en el corazón y las gargantas de las generaciones que moldearon el pogo más grande del mundo.
Fuente: portal Infobae


