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jueves 26 febrero 2026

El termómetro certero del consumo masivo refleja el deterioro del bolsillo

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Las ventas en supermercados crecieron apenas 2% en 2025 y los mayoristas cerraron en baja, en un contexto de pérdida del poder adquisitivo y mayor endeudamiento.


Las ventas en supermercados cerraron 2025 con un incremento acumulado de apenas 2 por ciento, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El dato apenas permitió compensar parcialmente la fuerte caída de 11 puntos registrada durante 2024, en un escenario signado por la recesión y el deterioro del poder adquisitivo.


La comparación interanual tampoco muestra señales de una recuperación sólida: en diciembre las compras aumentaron sólo 0,5 por ciento frente al mismo mes del año anterior. El leve repunte refleja el impacto del rezago salarial sobre el consumo masivo, en un contexto en el que los ingresos no logran recomponerse al ritmo de los precios y las tarifas.


Menor dinamismo y más financiamiento


El balance anual evidencia una desaceleración en la segunda mitad de 2025. Mientras que en el primer semestre el crecimiento promedio rondó el 4 por ciento, en la segunda mitad se redujo a apenas 0,2 por ciento mensual, hasta cerrar el año con una suba puntual de 0,5 por ciento en diciembre.


En paralelo, los autoservicios mayoristas finalizaron el año con una caída del 6,8 por ciento respecto de 2024 —que ya había acumulado un retroceso de 15 puntos—, lo que confirma que ni siquiera la búsqueda de precios más bajos logró revertir la debilidad de la demanda.


Uno de los datos más relevantes es la creciente dependencia del crédito para sostener el consumo. En diciembre de 2025, el 43,6 por ciento de las compras en supermercados se realizó con tarjeta de crédito, de acuerdo con el Indec. El financiamiento se extendió incluso a gastos corrientes, como alimentos, bebidas y servicios públicos, especialmente entre los sectores medios y medios bajos.


Mercado interno debilitado


El deterioro del ingreso disponible, sumado al peso creciente de las facturas de servicios y al aumento de la morosidad en tarjetas, configura un escenario de fragilidad para el mercado interno. Sin una recomposición sostenida del poder adquisitivo, el consumo —histórico motor de la actividad económica argentina— pierde dinamismo y queda sostenido por un endeudamiento que difícilmente pueda prolongarse en el tiempo.


Aunque los números de 2025 muestran una variación positiva, la comparación con un año profundamente recesivo como 2024 relativiza el alcance de la mejora. Los niveles de consumo siguen por debajo de los registros previos a la caída y el sector supermercadista ya comenzó a responder con ajustes y achique de personal ante un escenario que aún no muestra señales claras de recuperación.

Fuente Página 12

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