Precarización laboral: seis millones de trabajadores no tienen protección social y cobran hasta un 61% menos

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Un informe del CITRA reveló que el 45,6% de los trabajadores argentinos se encuentra en condiciones de desprotección laboral. A la informalidad y las brechas salariales se suma el crecimiento del pluriempleo, una estrategia cada vez más extendida para compensar la pérdida de ingresos.

Tener trabajo ya no garantiza estabilidad, ingresos suficientes ni acceso a derechos básicos. En Argentina, cerca de seis millones de personas trabajan sin protección social, mientras que las diferencias de ingresos con quienes cuentan con empleos protegidos llegan hasta el 61%. En paralelo, cada vez más trabajadores necesitan sumar ocupaciones para sostener sus economías familiares.

Los datos surgen de un relevamiento del Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA), vinculado al CONICET y a la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), que expone las desigualdades que atraviesan el mercado laboral argentino.

Según el informe, el 45,6% de los trabajadores se encuentra en situación de desprotección laboral. La problemática afecta al 46,2% de los asalariados del sector privado y al 11,1% de los empleados públicos. Entre los cuentapropistas, el panorama es todavía más complejo: el 66,6% carece de cobertura.

En términos absolutos, el relevamiento contempla un universo aproximado de 12,8 millones de trabajadores, de los cuales alrededor de seis millones no cuentan con protección laboral. Dentro del sector privado, unos 3,6 millones de asalariados se encuentran en esa situación.

Trabajar casi las mismas horas, pero cobrar mucho menos

Uno de los datos más significativos del estudio es la diferencia de ingresos entre quienes tienen empleos protegidos y quienes trabajan sin esas garantías. La brecha alcanza el 61% entre los cuentapropistas, el 50,7% entre los asalariados públicos y el 48,7% entre los trabajadores privados.

Las diferencias no se explican principalmente por la cantidad de horas trabajadas, sino por las condiciones de contratación y las remuneraciones que perciben quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.

En el sector privado, por ejemplo, los trabajadores protegidos cumplen un promedio de 42,5 horas semanales, frente a las 39,3 horas de quienes no cuentan con protección. Entre los cuentapropistas, las jornadas alcanzan las 44,6 y las 42,9 horas, respectivamente.

Los números muestran que las jornadas laborales son similares, pero no así los ingresos. La ausencia de derechos y garantías se combina con una menor remuneración, lo que profundiza las desigualdades entre quienes participan del mercado de trabajo.

Las investigadoras Sonia Balza y María Inés Fernández Álvarez señalaron que, entre los asalariados, las diferencias están vinculadas principalmente con el grado de regulación de las relaciones laborales. En el caso de los cuentapropistas, también inciden las desigualdades en la capacidad de generar ingresos y sostener aportes previsionales.

Pluriempleo: sumar trabajos para llegar a fin de mes

La precarización y el deterioro del poder adquisitivo también se reflejan en el crecimiento del pluriempleo. Tener más de una ocupación se convirtió en una alternativa para quienes necesitan complementar sus ingresos y afrontar los gastos cotidianos.

De acuerdo con un informe de la consultora C-P, el 11,5% de las personas ocupadas tuvo más de un empleo durante 2025, el nivel más alto de la serie histórica junto con el registrado en 2024. En 2017, ese porcentaje era del 8,7%.

La expansión del fenómeno está impulsada especialmente por los sectores de menores ingresos, donde una segunda actividad aparece como una forma de compensar la pérdida de poder adquisitivo.

Entre quienes tienen más de un empleo, el 63% son jefes de hogar y el 56% son mujeres. Además, el 64% trabaja en relación de dependencia, con una participación importante de empleados del sector público.

Jornadas más extensas y menos tiempo de descanso

El crecimiento del pluriempleo también implica una mayor carga horaria. Mientras que quienes tienen una sola ocupación trabajan un promedio de 37,5 horas semanales, quienes desempeñan varios trabajos llegan a las 43 horas.

La situación es aún más exigente entre quienes se incorporan al denominado pluriempleo emergente, asociado, entre otros factores, con la necesidad de complementar ingresos. En ese grupo, el 56% trabaja más de 45 horas semanales y el 22% supera las 60 horas.

De esta manera, la necesidad de sostener más de una ocupación no solo repercute en la economía de los hogares, sino también en el tiempo disponible para el descanso y la vida personal.

Los datos de ambos relevamientos reflejan una problemática que excede la cantidad de puestos laborales disponibles. La falta de protección social, las brechas salariales y la extensión de las jornadas muestran que, para millones de personas, tener trabajo no alcanza para garantizar ingresos suficientes ni condiciones laborales adecuadas.

Fuente: Mundo Gremial, con datos del CITRA-CONICET/UMET y de la consultora C-P.

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