Un tribunal de Rafaela, Santa Fe, dispuso hoy la quiebra de Sancor Cooperativas Unidas Limitada, que la semana pasada había solicitado ese procedimiento ante una deuda superior a los 120 millones de dólares y ocho meses de salarios impagos a sus trabajadores. El fallo cierra una trayectoria de casi cien años marcada por una crisis que la empresa no logró revertir.

La Justicia santafesina le puso punto final a la historia de Sancor. El Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación, con sede en Rafaela, declaró hoy la quiebra de Sancor Cooperativas Unidas Limitada, una de las empresas lácteas más emblemáticas del país, que atravesó dos décadas de crisis de las que nunca logró recuperarse.
La cooperativa había solicitado ella misma ese procedimiento hace una semana, al reconocer que no podía hacer frente a una deuda que supera los 120 millones de dólares y que acumula ocho meses de sueldos sin pagar a sus empleados, además de aguinaldos adeudados e irregularidades en la liquidación de haberes denunciadas por los sindicatos.
El fallo declaró expresamente la inaplicabilidad del procedimiento de salvataje previsto en el artículo 48 de la Ley de Concursos y Quiebras. La sindicatura, integrada por los contadores Ignacio Martín Pacheco Huber y Juan Luis Tomat, continuará actuando en el proceso con la obligación de actuar de manera ágil, bajo apercibimiento de remoción ante cualquier incumplimiento.
En cuanto a la continuidad operativa, el tribunal resolvió que los establecimientos que mantengan actividad productiva, en especial aquellos con contratos vigentes, seguirán funcionando de manera transitoria hasta que se concrete la venta de los activos. En los demás casos, se ordenó preservar y conservar los bienes para evitar un mayor deterioro. La sindicatura y la coadministración tienen un plazo de cinco días para informar qué plantas continuarán operativas, con un análisis técnico de cada unidad productiva. Los sueldos generados durante esta etapa serán considerados gastos del concurso, con prioridad de pago según la ley.
Los indicadores que llevaron a este desenlace son elocuentes: cesación de pagos, insolvencia generalizada y una estructura que hace tiempo dejó de sostenerse por sí sola. Meses atrás, la intervención judicial ya había anticipado la gravedad del cuadro. El juez Marcelo Germán Gelcich había señalado problemas estructurales que incluían falta de información contable clara e incumplimientos reiterados, en un contexto de crisis laboral que no dejaba de escalar.
Detrás de los números, sin embargo, hay una historia que va mucho más allá de los balances: la de una cooperativa que fue durante décadas sinónimo de la industria láctea argentina y que hoy cierra sus puertas sin haber podido encontrar una salida a una crisis que se prolongó durante veinte años.


