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sábado 4 abril 2026

Crisis educativa: “Estamos perpetuando el fracaso”, advierte un docente con 40 años de experiencia

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Jorge Angelini, profesor secundario y formador docente, cuestiona las reformas educativas recientes y alerta sobre la pérdida de contenidos, la falta de exigencia y el deterioro de la autoridad en las aulas.



Con más de cuatro décadas frente al aula, Jorge Angelini no duda en hacer un diagnóstico contundente sobre la educación argentina: “Estamos en caída libre”. Profesor desde 1986 en escuelas secundarias e institutos de formación docente, asegura haber sido testigo de un proceso sostenido de deterioro que, lejos de revertirse, se profundiza con cada reforma.


Formado en el Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González y con estudios en la Universidad del Salvador y la Universidad Nacional de Córdoba, Angelini combina su tarea en colegios secundarios con la formación de futuros docentes. Desde ese doble rol, observa con preocupación lo que define como una “simulación educativa”.


Reformas bajo la lupa


El docente apunta directamente contra las transformaciones impulsadas en la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Alberto Sileoni. Según explica, las modificaciones recientes implican la eliminación de materias clave, especialmente en el área de Lengua y Literatura, y su reemplazo por contenidos que, a su entender, responden más a enfoques ideológicos que pedagógicos.


“De cuatro años de gramática en el profesorado quedan solo dos. Todo ese saber desaparece”, advierte. En su caso, fue reasignado a materias como Sociolingüística o “Lengua, Poder y Sociedad”, alejadas de su especialización.


Evaluar sin reprobar


Uno de los puntos más críticos del sistema actual, según Angelini, es el régimen de evaluación. La llamada “intensificación” permite a los estudiantes recuperar contenidos a lo largo de todo el ciclo lectivo, incluso durante varios años, sin necesidad de aprobar materias completas.


“No hay repitencia. Con aprobar una sola materia, el alumno pasa de año. Es un ‘hacer de cuenta’”, resume. Para el docente, este esquema debilita el proceso educativo y vacía de sentido la evaluación.


También cuestiona la estigmatización del desaprobado y la “demonización del examen”, fenómenos que, en su opinión, contribuyen a una baja generalizada de la exigencia académica.


Autoridad en retroceso


Angelini señala además un fuerte desgaste de la autoridad docente, tanto en lo pedagógico como en lo disciplinario. Atribuye este fenómeno a normativas que priorizan la contención por sobre la sanción y a una cultura que cuestiona permanentemente el rol del profesor.


“La falta de límites erosiona la autoridad. Hoy no hay sanción, hay ‘reparación’”, sostiene.


Un deterioro de larga data


El profesor sitúa el inicio del problema en la década del 90, con la transferencia del sistema educativo a las provincias durante el gobierno de Carlos Menem y la implementación de la EGB y el Polimodal.


A partir de allí, identifica una sucesión de políticas que, según su mirada, profundizaron la crisis: desde la flexibilización de los regímenes de evaluación en los 2000 hasta el impacto de la pandemia y la decisión de no reprobar alumnos en 2020, durante la gestión de Nicolás Trotta.


Entre la resignación y la falta de reacción


Uno de los aspectos que más preocupa a Angelini es la escasa respuesta de la sociedad frente a esta situación. “Los padres están anestesiados. Es una estafa al futuro”, afirma.
También critica el silencio de organizaciones vinculadas a la educación y la resignación de muchos docentes frente a lo que consideran un sistema inmodificable.
Propuestas para revertir la situación
A pesar de su diagnóstico crítico, Angelini se define como un “entusiasta” y sostiene que aún es posible revertir la tendencia. Entre sus propuestas, plantea la necesidad de restituir un Ministerio de Educación fuerte, establecer un régimen preuniversitario en los últimos años del secundario y otorgar mayor autonomía a las instituciones educativas.
Vocación intacta
Lejos de pensar en la jubilación, el docente asegura que su motivación sigue intacta. “Me gustaría irme habiendo visto un regreso a aquellos años en los que la educación era de excelencia”, señala.
Mientras tanto, continúa en el aula con un objetivo claro: formar estudiantes críticos, capaces de comprender el poder del lenguaje y desenvolverse con autonomía en la sociedad.
“Soy exigente, pero exijo lo que doy”, concluye.

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