Sabino Vaca Narvaja planteó que la Argentina necesita una estrategia industrial propia frente al avance de China en el mercado mundial de los vehículos eléctricos. Según sostuvo, el desafío consiste en atraer inversiones que permitan generar empleo, incorporar tecnología y aumentar el valor agregado de la producción nacional.
En un artículo titulado “China, la revolución del automóvil eléctrico y el riesgo de confundir desarrollo con espionaje”, el autor analizó la transformación de la industria automotriz y el creciente protagonismo del país asiático, que combina capacidad manufacturera, innovación, producción a gran escala y reducción de costos.
En ese escenario, mencionó a empresas como BYD, Geely, Chery, BAIC y SAIC, que compiten en segmentos vinculados con los vehículos eléctricos, las baterías, los sistemas de asistencia a la conducción y la conectividad.
Brasil como referencia para atraer inversiones
Vaca Narvaja destacó la experiencia de Brasil, que impulsa inversiones de fabricantes chinos mediante herramientas de política industrial, incentivos a la producción local y medidas destinadas a fortalecer la red de proveedores nacionales.
Como ejemplo, mencionó la planta de BYD en Camaçari, en el estado de Bahía, instalada en un predio que anteriormente había pertenecido a Ford. La inversión inicial anunciada fue de 5.500 millones de reales, con el objetivo de alcanzar un 50% de contenido local hacia enero de 2027.
Para el autor, esa experiencia representa una referencia para pensar políticas que permitan a la Argentina integrarse a las nuevas cadenas de producción automotriz.
En ese sentido, remarcó que el país cuenta con una trayectoria consolidada en el sector, trabajadores calificados, empresas autopartistas, capacidades científicas y recursos naturales como el litio. También destacó la integración comercial con Brasil a través del Mercosur.
Producción nacional, empleo y transferencia tecnológica
Entre las alternativas que propuso, Vaca Narvaja planteó promover inversiones chinas destinadas a fabricar vehículos eléctricos, baterías, componentes electrónicos y sistemas de movilidad en territorio argentino.
Sin embargo, consideró que los incentivos no deberían limitarse a facilitar la llegada de capitales, sino que tendrían que estar vinculados con compromisos concretos y verificables.
Entre ellos, enumeró la generación de empleo, la incorporación progresiva de componentes nacionales, la capacitación de trabajadores, el desarrollo de investigaciones conjuntas y la apertura de oportunidades de exportación hacia los mercados regionales.
El autor advirtió que una apertura indiscriminada de las importaciones podría perjudicar a los fabricantes locales. Al mismo tiempo, sostuvo que quedar al margen de las empresas que lideran las nuevas tecnologías también podría afectar la competitividad de la industria argentina.
Por eso, consideró que el país necesita una política sostenida que combine inversiones, negociación con las compañías internacionales y planificación de largo plazo.
El debate por la ciberseguridad
El artículo también abordó las preocupaciones sobre posibles riesgos de espionaje vinculados con los automóviles chinos. Al respecto, Vaca Narvaja cuestionó que la nacionalidad de una empresa sea considerada, por sí sola, una prueba de culpabilidad.
Según su planteo, los riesgos de ciberseguridad deben analizarse a partir de criterios técnicos y evidencia verificable, mediante regulaciones, certificaciones, auditorías y controles que se apliquen a todos los proveedores.
De esta manera, propuso separar las discusiones sobre seguridad tecnológica de las decisiones relacionadas con el desarrollo industrial y la atracción de inversiones.
Como conclusión, sostuvo que el principal desafío para la Argentina es definir qué lugar pretende ocupar en la transformación global de la industria automotriz: desarrollar capacidades propias, incorporar empresas nacionales a las nuevas cadenas de valor y convertir sus recursos naturales en tecnología y producción.
Fuente: Agencia Noticias Argentinas


