La psicóloga Gabriela Ithurralde abordó en la charla con Info Noticias Olavarría uno de los grandes males de época. Consejos para intentar revertir un problema real y profundo.

“Está todo el día con el celular y esos jueguitos de porquería”. “No se lo puedo sacar”. “No sale, no juega, no hace nada. Pura pantalla y no lo movés de ahí”. “Mirá si en nuestra época íbamos a estar así como están estos ahora” ¿Te suenan como frases conocidas? Sí, parece ser el gran mal social del momento, un problema que afecta a chicos y grandes, y que causa gran preocupación en padres y madres que no saben cómo resolver la situación.
Desde Info Noticias Olavarría abordamos la cuestión con la licenciada en Psicología Gabriela Ithurralde. Claro que su visión va mucho más allá de la simple queja que nos cansamos de escuchar a otros y a nosotros mismos.
A partir de su formación y de su experiencia, la reconocida profesional nos explica que las redes sociales en general y determinados juegos en particular generan adicción, con exceso de dopamina y el agotamiento de las neuronas que están alrededor. Y que con el correr de los meses o de los años de una adicción a determinado juego “se van agotando esas neuronas y se va perdiendo la capacidad creativa, la empatía, ponerse en los pies del otro para hacer algo por el prójimo. Porque también para eso vinimos después de todo, ¿no?”, se pregunta. Y la respuesta flota en el aire, claro, y nos interpela.
Gabriela Ithurralde remarca que el siguiente paso es más grave. “Cuando se genera la adicción, la persona se desconecta totalmente de su alrededor, de su familia, de sus amistades, de su pareja, de quien sea. Se encierra con su celular o se encierra en una habitación con una computadora y un sillón gamer y adiós”.
La problemática se muestra cada vez más extendida y la solución no es sencilla, advierte: “Esto es muy complejo porque las personas que tienen perfil adictivo, a las redes, al alcohol, a los juegos, al cigarrillo, a las drogas, o a lo que sea, quienes entran en esta vida es algo de muy difícil resolución”.
Como todo en la vida, Ithurralde también aclara que la preocupación debe estar puesta en los excesos y no en el uso común de las nuevas tecnologías. “Las redes tienen su pro y sus contra. Obviamente también hay muy buen contenido ahí. Hay contenido solidario, contenido de aprendizaje”.
La clave pasa por “entender que la vida virtual es como un juego y que la vida real es la vida real, con las personas de carne y hueso con las que me puedo y debo vincular, o con las que se han ido a otro lado pero podemos buscar las maneras de mantener el vínculo virtual, pero siempre con la idea de volver a encontrarnos personalmente en algún momento”.
Consciente de que la carrera al futuro “no se puede parar de ningún modo”, Ithurralde sí se muestra partidaria de impulsar “un mecanismo de gestión, de regulación o algo por el estilo”.
Por ejemplo, “hasta los 8 años los niños no deberían tener pantallas”, dice a modo de consejo para padres y madres jóvenes que están a tiempo de combatir este mal con cierto éxito.
Pero lamenta la psicóloga que “cuando vamos a tomar un café, o a almorzar o cenar a algún lugar público, todos podemos ver que están las familias y les dan los celulares o las tablets a nenes de 2 ó 3 años para que estén entretenidos con eso y dejen comer tranquilos a los grandes”.
Los psicólogos infantiles están llenos de estas problemáticas en sus consultorios, asegura. Y en la misma línea recordó que “el otro día miré una nota en la que un chico de 12 años, al que le habían quitado el celular a modo de castigo por algo que había hecho, rompió toda la casa”.
“La autogestión, como la que puede desarrollar un adulto, no es para cualquier edad. Entonces, se me ocurre que como empezamos en algún momento con espacios libres de humo y eso sí que funcionó, ahora tendría que empezar a haber también espacios libres de celular”.
Para reforzar sus dichos comentó una experiencia que le tocó vivir durante un Encuentro de Mindfulness que coordinó. “El otro día estábamos en un retiro en el que una persona estuvo a punto de irse porque no había señal de celular y porque decía lo necesitaba mucho. Su compañera le insistió para que se quedara y al otro día ella misma dijo que se había dado cuenta de lo adicta que estaba a su celular porque no era que necesitaba estar presente por alguna razón en particular. Era la necesidad de estar con el celular como la necesidad que alguien tiene de estar con el cigarrillo”.
También brindó Gabriela Ithurralde algunos tips para que los grandes también aprendamos a marcarnos límites:
Ponernos algún tipo de horario. Decir, por ejemplo, llego a tal hora a casa y chequeo las noticias. O dedicar un momento equis del día a comunicarnos con un amigo o familiar que está lejos, y que ahí sí vale la pena el teléfono.
“Otro fin puede ser el educativo: hay carreras o posgrados que desde el momento que uno puede acceder de modo virtual se volvieron mucho más económicas. Te evitás los viajes, el alquiler”.
Tenemos que tener clarísimo que “donde va mi atención, va mi energía”.
Entonces, su consejo es “llevar la atención a otras cosas: enfocarnos en todo lo que tiene que ver con nuestro bienestar, la salud en general, la conexión con la naturaleza, el buen descanso, la alimentación saludable, reducir el estrés a la mínima expresión, tratar de tener vínculos que te nutran y te aporten”.
“Porque también es paradojal la persona que hace actividad física y al mismo tiempo fuma el resto del día. Entonces el cerebro nunca sabe si me tiene que cuidar o no. Lo que hay que hacer es llevar la vida lo más parejita y balanceada posible. En el balance también entran la diversión, lo recreativo y el ocio. Pero tiene que haber un equilibrio, como en todo”.

LA EXPERIENCIA CHINA
Uno puede estar completamente en desacuerdo con los lineamientos del gobierno de China, pero no podemos dejar de reconocer que ha tomado medidas para revertir este mal de las adicciones a las redes sociales y al celular.
“He leído que allí permiten solo dos horas por día de Tik Tok, por ejemplo. Y no es algo menor, te puedo asegurar. Yo he tenido en mi Consultorio pacientes veinteañeros que estaban unas nueve horas por día o más en Tik Tok. Y lo digo para que podamos tener dimensión del grado de adicción del que estábamos hablando”.
Luego precisó que “hablo de esa aplicación en particular porque es lo que a mí me ha tocado en el consultorio y sobre lo que me he puesto a investigar qué pasaba en otros lados. Las adolescentes en China tienen una cantidad de horas determinadas reguladas para la red social y luego se les corta. Esto está generando un gran liderazgo: las últimas investigaciones científicas en todos los planos las está teniendo China porque justamente tiene mucho más tiempo para investigar en lugar de estar deambulando en las redes. En conocimiento científico psicológico, que es mi campo, China está comenzando a liderar en los congresos. Si bien es un mecanismo coercitivo de control, sí me parece que esto no es casual y que estos avances en esas áreas son también una consecuencia de ese recorte en la cantidad de horas en las redes sociales y cómo gestionan su educación”.


