Un estudio del Conicet analizó 240 horas de filmaciones de una expedición científica y detectó 29 residuos de origen humano en el cañón submarino de Mar del Plata. El 93% eran de plástico y algunos estaban asociados con organismos marinos.
A miles de metros bajo la superficie del Mar Argentino, en un ambiente marcado por la oscuridad, las bajas temperaturas y una presión extrema, los científicos encontraron rastros de una actividad que alcanza incluso los rincones más remotos del planeta: la contaminación humana.
Bolsas de plástico, envoltorios de alimentos, sogas, elementos vinculados con la pesca, un vaso descartable y hasta una bota de goma aparecieron durante una exploración científica frente a las costas de Mar del Plata. Los objetos fueron registrados en el cañón submarino de la zona, a profundidades que superan los 3.800 metros.
Los hallazgos quedaron documentados durante la expedición Talud Continental IV, realizada en 2025, y fueron analizados posteriormente por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y otras instituciones. El trabajo, publicado en la revista científica PLOS One, permitió identificar los residuos, establecer su distribución y observar su posible interacción con la fauna marina.
Una investigación basada en 240 horas de imágenes
La expedición se desarrolló entre julio y agosto de 2025 a bordo del buque oceanográfico Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute. El objetivo principal era explorar la biodiversidad y las características geológicas del cañón submarino de Mar del Plata, ubicado a unos 250 kilómetros de la costa.
Para realizar las inmersiones, el equipo utilizó el vehículo operado remotamente SuBastian, equipado con cámaras de alta definición y brazos robóticos que permiten recolectar muestras en zonas inaccesibles para las personas.
Las imágenes transmitidas durante la misión despertaron un amplio interés público por la diversidad de organismos que habitan las profundidades. Sin embargo, esas mismas filmaciones también registraron residuos que permanecían sobre el lecho marino.
Para el estudio, encabezado por Valeria Teso y Diego Urteaga, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y el Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (Gempa), los investigadores revisaron aproximadamente 240 horas de imágenes correspondientes a 17 inmersiones.
El análisis permitió identificar 29 objetos de origen humano durante diez de las inmersiones, en profundidades comprendidas entre los 1.120 y los 3.814 metros.
El plástico, protagonista de los residuos encontrados
De los 29 objetos registrados, 27 eran de plástico y dos de goma, lo que representa aproximadamente el 93% de los residuos identificados para el primer material.
Entre los elementos más llamativos aparecieron envoltorios de alimentos, bolsas, fragmentos de materiales de origen desconocido, cuerdas y filamentos de nailon asociados con la actividad pesquera.
Algunos hallazgos sorprendieron por la profundidad a la que fueron localizados. Un vaso descartable y distintos envases de golosinas quedaron atrapados entre rocas a más de 3.200 metros. A 3.739 metros se encontró una bolsa plástica llena de sedimentos, mientras que el residuo ubicado a mayor profundidad fue un envoltorio de papel tissue, registrado a 3.814 metros.
Los científicos también documentaron una bota de goma, otro de los objetos que llamó la atención durante el análisis de las imágenes.
La clasificación permitió establecer que diez residuos estaban parcialmente enterrados o deteriorados y otros diez descansaban directamente sobre el fondo marino. Cuatro correspondían a elementos de pesca, tres habían quedado atrapados entre rocas y dos flotaban cerca del lecho oceánico.
Los residuos se acumulan en sectores específicos del cañón
La basura no apareció distribuida de manera uniforme. Los investigadores observaron concentraciones en determinados sectores del relieve submarino, especialmente en las paredes y en algunas zonas del valle del cañón.
En el sector superior se identificaron diez objetos. Otra acumulación, cerca de los 3.200 metros de profundidad, reunió cinco residuos en las proximidades de la unión de un valle secundario con el cañón principal. Entre ellos había un vaso plástico, una bolsa y un envoltorio de comida retenidos entre grandes rocas.
Más abajo, alrededor de los 3.700 metros, se documentó otro grupo de cinco objetos, incluidos materiales parcialmente enterrados y una bolsa con sedimentos.
Estos patrones permiten estudiar cómo las características del relieve submarino pueden influir en el desplazamiento y la acumulación de residuos. También aportan información para comprender el alcance de la contaminación en ambientes de difícil acceso.
Cuando la basura se incorpora al ecosistema
Otro de los resultados relevantes fue la presencia de organismos marinos asociados a siete de los residuos detectados.
Esta observación muestra que los objetos de origen humano pueden incorporarse a las interacciones ecológicas del fondo oceánico. Su presencia puede modificar las superficies disponibles para algunos organismos y generar nuevas formas de contacto entre los materiales artificiales y la fauna.
El estudio constituye una primera caracterización sistemática de residuos de gran tamaño en las profundidades del cañón submarino de Mar del Plata. Sus resultados aportan información para futuras investigaciones sobre la contaminación marina y sus efectos en ecosistemas que todavía son poco conocidos.
La expedición que permitió observar criaturas adaptadas a condiciones extremas también dejó una evidencia contundente: la basura puede llegar mucho más lejos de lo que se ve desde la costa. Incluso a casi cuatro kilómetros bajo el mar, los rastros de la actividad humana permanecen en el ambiente.
Fuente: La Nación, sobre un estudio publicado en la revista científica PLOS One.


