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domingo 11 enero 2026

Desarrollan una “vacuna” que fortalece el sistema inmune de las plantas

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Es una nanoemulsión que combina aceites esenciales de tomillo, ruda y árbol de té con una sustancia segregada por microorganismos patógenos del suelo. Al ser pulverizada sobre sus hojas, las plantas perciben este último componente como una agresión y activan sus defensas.

Por Andrés Fernández

La sustitución de pesticidas químicos por alternativas amigables con el ambiente viene impulsando distintas líneas de investigación. Se trabaja en soluciones que sean capaces de controlar enfermedades de los cultivos, no se acumulen en el suelo y sean seguras, tanto para quienes deben aplicarlas en el campo, como para quienes consumen los productos cosechados.

Con ese horizonte, Georgina Fabro y María Laura Fanani, científicas de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) idearon una “vacuna” para plantas, una manera natural de estimular su sistema innato de defensa y prepararlas para responder con mayor vigor y velocidad ante futuros ataques de bacterias, hongos y plagas.

Se trata de una emulsión conformada por gotas de tamaño nanométrico. Su interior transporta aceites esenciales de tomillo, ruda y árbol, reconocidos por sus propiedades contra para distintas plagas, mientras que su capa externa está compuesta por ramnolípidos, un compuesto segregado por microorganismos dañinos presentes en el suelo.

Al ser pulverizadas con este líquido, las plantas reconocen los ramnolípidos como una señal de agresión y desencadenan toda una cascada de reacciones previstas en su sistema inmune. Si bien la respuesta inducida es muy suave y prácticamente imperceptible, prepara a la planta ante eventuales infecciones.

Por estar formulada a partir de productos naturales, la nanoemulsión es totalmente biodegradable. El dato no es menor, porque se trata de una condición que imponen ciertos mercados externos a los que apuntan los productores agrícolas. “Existen agroquímicos que aún se utilizan en Argentina que no se pueden aplicar si se desea exportar a Europa, por ejemplo”, subraya Fabro.

El desarrollo creado por las científicas es resultado de años de investigación básica y trabajo interdisciplinario. En 2019 comenzaron a trabajar en esta idea y ahora decidieron avanzar hacia un producto dirigido al sector productivo. El primer paso en ese camino es producir la nanoemulsión a escala piloto y testearla en diferentes cultivos.

Para ello, Fabro y Fanani se asociaron con la empresa biotecnológica Ceres Demeter y lograron un financiamiento de 7,98 millones de pesos, otorgados en el marco de la convocatoria 2025 del Fondo de Innovación Social y Tecnológica (FITS), que impulsa la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC.

Equipo de trabajo | De izquierda a derecha: María Laura Fanani, Georgina Fabro, Jessica Valdivia Pérez, Milagro Mottola, María Victora López Nota Francisco, Lucille T. Kourdova y Nicolás Tamagnone.

Cómo producir gotas nanométricas

La tecnología y el método para producir la nanoemulsión fue uno de los desafíos a resolver para lograr una formulación capaz de avanzar hacia un producto de interés comercial.

“Las nanoemulsiones son sistemas donde se mezclan componentes que usualmente no se combinan, como el agua y el aceite. En nuestro caso, fue necesario agregar ciertos ‘condimentos’ y bastante energía, pero logramos obtener gotitas de tamaño nanométrico de aceites esenciales, recubiertas con moléculas de ramnolípidos”, explica Fanani.

Todo el proceso se realiza en un sonicador, un aparato que produce sonido a muy alta frecuencia y genera las vibraciones necesarias para romper las gotitas hasta reducirlas a su mínima expresión. “La clave es el protocolo que aplicamos para lograr que no se vuelvan a unir en el tiempo”, completa Fabro.

La Oficina de Propiedad Intelectual de la UNC analiza actualmente el protocolo científico para definir la mejor estrategia de protección, ya sea bajo el formato de secreto industrial o de una patente que pueda ser licenciada. “La idea es resguardar ese know-how, porque se trata de un desarrollo hecho con profesionales y financiamiento de la Universidad Nacional de Córdoba y Conicet”, remarca Fabro.

Prueba piloto en cultivos

En el laboratorio, los ensayos se realizaron principalmente sobre Arabidopsis, un planta modelo, pariente de la rúcula. Los testeos también incluyeron leguminosas parientes de la soja y el poroto común, y otras relacionadas a la papa y el tomate.

Si bien la formulación demostró mantenerse estable y efectiva como mínimo durante tres meses, siempre se trabajó con volúmenes reducidos, de apenas unos mililitros. Llevarla al mercado, implica producir litros. De ahí, la asociación con Ceres Demeter.

“La empresa no sólo posee la aparatología para escalar el producto, también cuenta con parcelas de distintos cultivos, donde podemos realizar las pruebas piloto”, explica Fabro. Y completa: “Nosotras trabajamos en condiciones controladas en el laboratorio, pero cuando pasamos al campo, todo cambia: puede haber más sol, más humedad, sequía o incluso consorcios de patógenos mezclados afectando simultáneamente a las plantas”.

Según adelantan sus creadoras, la intención de Ceres Demeter es testear la nanoemulsión en maíz, soja y trigo, para los cuales la firma ya posee una línea de bioproductos. El paso siguiente, según Fanani, será probar el producto como desinfectante de semillas: “Las semillas vienen directamente del campo cubiertas de bacterias, hongos y microbios, algunos beneficiosos y otros perjudiciales. Queremos probar qué tan efectiva es la formulación al aplicarla sobre su superficie”. (UNCiencia)

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