La situación económica es la principal preocupación de los jóvenes y crece el impacto en su salud mental

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Un relevamiento realizado en barrios populares de ocho provincias y la Ciudad de Buenos Aires reveló altos niveles de agotamiento, estrés, ansiedad e incertidumbre entre adolescentes y jóvenes de 16 a 25 años. El 64% señaló su situación económica como principal preocupación y ocho de cada diez nunca recibieron atención psicológica.

La situación económica, la falta de oportunidades laborales y la incertidumbre sobre el futuro se convirtieron en las principales preocupaciones de adolescentes y jóvenes que viven en barrios populares de Argentina. Así lo revela un relevamiento realizado por el Instituto Periferias durante octubre, que también advierte sobre los altos niveles de malestar emocional y las dificultades para acceder a servicios de salud mental.

El estudio incluyó a personas de entre 16 y 25 años residentes en barrios populares de ocho provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Los resultados muestran un escenario preocupante: el 48,1% manifestó experimentar agotamiento frecuente, el 45,5% señaló sentir estrés y el 41% expresó incertidumbre.

Además, el 38% mencionó la ansiedad, el 30,3% la angustia y el 25,4% la tristeza como parte de sus experiencias habituales.

La investigación también expuso importantes dificultades para acceder a atención profesional. El 78% de los jóvenes no recibió atención de salud mental en los últimos meses, mientras que el 45,4% manifestó no contar con cobertura médica. A su vez, el 53,7% reconoció que no busca ayuda cuando atraviesa situaciones de malestar.

La economía, en el centro de las preocupaciones

Uno de los datos más significativos del relevamiento es el peso de las condiciones económicas en la vida cotidiana de las juventudes. El 64% de los encuestados identificó su situación económica como su principal preocupación.

En segundo lugar apareció el desempleo y las dificultades vinculadas al trabajo, con el 38,5% de las menciones. También se destacaron los estudios (33,4%), la incertidumbre sobre el futuro (32,6%) y los problemas familiares (32,5%).

Estos indicadores reflejan cómo las dificultades materiales y la falta de perspectivas condicionan las posibilidades de los jóvenes para construir proyectos de vida y repercuten directamente en su bienestar emocional.

Daniel Menéndez, director del Instituto Periferias y referente de la organización Barrios de Pie, advirtió sobre la magnitud del problema y señaló que existe una importante cantidad de jóvenes que atraviesan situaciones de malestar sin contar con espacios adecuados a los cuales recurrir.

Las barreras para acceder a la atención psicológica

La investigación también puso el foco en las dificultades para conseguir turnos y acceder a profesionales especializados. La falta de cobertura médica y las limitaciones económicas aparecen como obstáculos centrales para quienes necesitan acompañamiento.

Noelia Cárdenas, coordinadora del grupo de trabajo sobre salud mental del Instituto Periferias, sostuvo que esta problemática no puede analizarse únicamente desde una perspectiva individual.

En ese sentido, remarcó que la salud mental juvenil debe abordarse teniendo en cuenta las condiciones sociales y económicas en las que se desarrolla la vida cotidiana.

Según explicó, muchos jóvenes de barrios populares recurren a sus familias, amigos, clubes, escuelas y organizaciones comunitarias cuando necesitan apoyo emocional. Estos espacios representan una alternativa cercana y accesible frente a la imposibilidad de afrontar los costos de un tratamiento privado.

El rol de las redes comunitarias

Otro de los aspectos destacados del informe es la importancia de las redes de contención comunitaria. Los clubes de barrio, las instituciones educativas, las organizaciones sociales y los espacios de acompañamiento cumplen un papel fundamental para detectar situaciones de vulnerabilidad y acercar respuestas.

Desde el Instituto Periferias plantearon la necesidad de fortalecer las políticas públicas en hospitales y centros de salud, ampliar los recursos disponibles y desarrollar propuestas específicas destinadas a adolescentes y jóvenes.

También señalaron que resulta necesario reconocer y potenciar las redes de cuidado que ya funcionan en los territorios, incorporando la salud mental como una problemática transversal a distintos ámbitos de la vida social.

El relevamiento advierte, además, sobre la falta de programas y espacios pensados específicamente para la franja de 16 a 25 años.

Los resultados dejan en evidencia que el malestar emocional de las juventudes no puede separarse de la realidad económica, las dificultades de acceso al trabajo y la falta de oportunidades. En ese contexto, fortalecer la atención pública y las redes comunitarias aparece como uno de los principales desafíos para dar respuestas a una problemática que afecta especialmente a los sectores más vulnerables.

Fuente: Página 12

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