Inclusión Laboral Azul: el proyecto que convirtió la costura en una oportunidad de trabajo y autonomía

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En el barrio El Sol de Azul, un grupo de mujeres con discapacidad encontró en la costura una herramienta para aprender un oficio, generar ingresos y construir un espacio de pertenencia. La iniciativa nació de una docente de Educación Especial que se preguntó qué ocurriría con sus alumnas una vez terminada la escuela.

¿Qué pasa cuando termina la escuela y ya no están las aulas, los docentes ni las rutinas conocidas? Esa pregunta fue durante años una preocupación para Stella López, docente de Educación Especial de Azul, al pensar en el futuro de sus estudiantes con discapacidad.

De esa inquietud surgió Inclusión Laboral Azul (ILA), un proyecto que busca construir una alternativa concreta para mujeres mayores de 18 años que estaban fuera del mercado laboral.

En el barrio El Sol, la costura se convirtió en el punto de partida para aprender un oficio, trabajar y generar ingresos propios. Pero el proyecto también propone algo que excede ampliamente la actividad productiva: crear un espacio de encuentro, autonomía, reconocimiento y participación social.

Siete mujeres y una oportunidad para construir autonomía

Actualmente, siete mujeres forman parte de Inclusión Laboral Azul. Tienen diferentes grados de discapacidad y, antes de incorporarse al proyecto, no contaban con un espacio laboral.

La propuesta tiene a la costura como actividad principal. Las integrantes aprendieron a utilizar máquinas para confeccionar bolsas, pecheras y chalecos, además de realizar trabajos por encargo.

Las herramientas fueron posibles, en buena medida, gracias a la colaboración de Math y Toni Roijen, integrantes de la Fundación “Un abrazo para los amigos”, de origen neerlandés, quienes donaron las máquinas de coser.

A esa ayuda se sumaron vecinos y vecinas de Azul que aportaron muebles, telas e insumos para poner en marcha el emprendimiento.

El proyecto lleva como lema “Tú puedes”, una frase que sintetiza la mirada sobre la que se construye ILA: la discapacidad no implica que una persona no pueda aprender, trabajar, tomar decisiones o desarrollar un proyecto propio.

Trabajar también es decidir

Para Stella López, el objetivo no consiste solamente en enseñar a utilizar una máquina de coser.

La propuesta apunta a que las mujeres puedan desarrollar capacidades vinculadas con el trabajo y, al mismo tiempo, fortalecer su autonomía. Aprender un oficio, comprender el valor del dinero, tomar decisiones y recibir una remuneración por el propio esfuerzo forman parte de ese proceso.

Por eso, quienes participan de ILA cobran por las horas trabajadas.

El ingreso económico representa una dimensión importante del proyecto, pero no es la única. También funciona como reconocimiento concreto del valor de la tarea que realizan y de su capacidad para formar parte del mundo laboral.

Un lugar para sentirse parte

La experiencia también transformó la manera en que las participantes se relacionan entre sí.

Yasmín Orueta Camponovo, una de las trabajadoras de ILA, destacó justamente la posibilidad de compartir con otras mujeres que atraviesan situaciones similares y de sentirse parte de un grupo.

La inclusión laboral se convierte así también en inclusión social: tener un lugar al que asistir, compartir con otras personas, asumir responsabilidades y participar de una actividad productiva.

Actualmente, cinco de las integrantes concurren al espacio en días y horarios determinados, mientras que otras dos participan de manera itinerante. El trabajo cuenta con el acompañamiento de una docente que coordina y acompaña el proceso.

De la costura a la huerta

El proyecto también comenzó a ampliar sus actividades más allá de las máquinas de coser.

A partir de la colaboración de vecinos del barrio El Sol, ILA puso en marcha “Raíces ILA”, una propuesta de huerta que les permite sembrar hortalizas tanto para consumo propio como para comercialización.

La iniciativa suma así una nueva experiencia de aprendizaje y producción, y amplía las posibilidades de participación de las integrantes.

Una comunidad que también forma parte

El crecimiento de Inclusión Laboral Azul fue posible a partir de una combinación de trabajo, acompañamiento y solidaridad.

Las máquinas donadas desde los Países Bajos, los materiales aportados por vecinos y el espacio cedido para la huerta muestran cómo un proyecto de estas características puede construirse también desde la comunidad.

ILA todavía es un emprendimiento pequeño, pero su propósito apunta más allá de la cantidad de productos que pueda fabricar o vender.

La experiencia pone en discusión una pregunta que aparece cada vez que una persona con discapacidad termina su recorrido escolar: ¿qué oportunidades existen después?

En Azul, un grupo de mujeres encontró una respuesta posible en el trabajo, el aprendizaje y el acompañamiento. Una respuesta que no se limita a enseñar un oficio, sino que busca abrir caminos hacia la autonomía y el reconocimiento.

Quienes quieran conocer el trabajo de Inclusión Laboral Azul o colaborar con el proyecto pueden hacerlo a través de su cuenta de Instagram @ilatupuedes.

Fuente: Agencia DIB / El Tiempo de Azul.

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