Crédito en Argentina: el financiamiento se desacelera y crece el debate sobre la estrategia del Gobierno

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El crédito bancario había recuperado terreno desde 2024, pero durante los últimos meses perdió dinamismo. Mientras el Gobierno mantiene como prioridad la desinflación, economistas advierten sobre los límites que tiene una expansión del financiamiento al consumo dentro del actual esquema monetario.

El crédito al sector privado volvió a ocupar el centro de la discusión económica argentina. Después de un fuerte crecimiento desde 2024, el financiamiento bancario comenzó a mostrar señales de desaceleración y abrió un interrogante entre analistas y entidades financieras: ¿hasta dónde puede crecer el crédito sin entrar en tensión con el objetivo oficial de mantener bajo control la inflación?

La discusión se da en un contexto particular. El Gobierno de Javier Milei sostiene que la reducción de la inflación continúa siendo una de sus principales prioridades y rechaza recurrir a un aumento del gasto público como mecanismo para estimular la actividad.

Frente a ese escenario, el crédito aparece como una alternativa posible para impulsar el consumo y la inversión sin que el Estado incremente directamente sus erogaciones. Sin embargo, la expansión de los préstamos también tiene efectos monetarios que, según distintos especialistas, deben ser considerados.

El crédito creció, pero perdió impulso

Los datos oficiales muestran que el sistema financiero todavía se encuentra muy por encima de los niveles registrados antes del proceso de recuperación iniciado en 2024.

El Banco Central (BCRA) informó que en julio el crédito bancario en pesos al sector privado equivalía al 9,2% del PBI. Si se incorporan los préstamos en moneda extranjera, el financiamiento total alcanzaba el 12,5% del producto.

Pero el comportamiento comenzó a cambiar.

De acuerdo con el informe sobre bancos correspondiente a julio, el saldo real del financiamiento al sector privado en pesos se redujo 0,9% durante ese mes. Los créditos destinados al consumo también mostraron una disminución, mientras que las distintas líneas tuvieron comportamientos diferentes.

En agosto, la desaceleración volvió a aparecer en los registros del BCRA: los préstamos en pesos al sector privado cayeron 1% en términos reales y sin estacionalidad. El comportamiento fue heterogéneo y los créditos hipotecarios continuaron creciendo.

El escenario, por lo tanto, no supone la desaparición del crédito, sino un cambio en su ritmo de expansión.

La emisión secundaria, en el centro del debate

Uno de los conceptos que aparece en la discusión es el de emisión secundaria de dinero.

Cuando un banco otorga un préstamo, no se limita necesariamente a entregar dinero previamente acumulado: el funcionamiento del sistema bancario permite que el crédito genere nuevos depósitos. Por eso, una expansión acelerada de los préstamos puede incrementar la cantidad de dinero disponible en la economía.

Desde el Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC) advierten que este mecanismo puede convertirse en una fuente adicional de presión sobre los precios si el crecimiento del crédito avanza más rápido que la demanda de dinero.

La cuestión resulta particularmente relevante dentro de un programa económico que busca sostener la desaceleración de la inflación. En ese marco, una expansión muy rápida del crédito podría aumentar el consumo y la demanda nominal, mientras que una expansión más moderada limita ese riesgo.

El problema no sería solamente la liquidez

La discusión también alcanza a los encajes bancarios, es decir, los recursos que las entidades financieras deben mantener como respaldo de los depósitos.

El régimen vigente permite que una parte de esos encajes sea integrada mediante determinados títulos públicos, en lugar de mantenerse exclusivamente como efectivo. El debate, por lo tanto, no se reduce a determinar cuánto dinero tienen disponible los bancos, sino también hacia dónde se canalizan esos recursos.

El crédito puede dirigirse a familias y empresas, estimulando el consumo y la inversión, o puede encontrar otros destinos dentro del sistema financiero.

En ese punto aparece una de las principales preguntas que plantea el debate económico actual: qué combinación entre liquidez, tasas de interés, encajes y demanda de crédito permite aumentar el financiamiento sin alterar el proceso de desinflación.

El Gobierno sí impulsa algunos segmentos

La discusión sobre el crédito no significa que el Ejecutivo haya abandonado todas las políticas destinadas a ampliar el financiamiento.

El 26 de agosto, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció un programa para canalizar hasta $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) hacia depósitos a plazo fijo en UVA, con el objetivo de que esos recursos sean destinados por las entidades financieras a créditos para la compra de primera vivienda.

El propio BCRA incorporó esa medida en su informe monetario de agosto y señaló que el programa busca darle un impulso adicional al crédito hipotecario.

La estrategia, sin embargo, está focalizada en un segmento específico. El debate planteado por especialistas como Leonardo Anzalone, del CEPEC, apunta especialmente al crédito en pesos destinado al consumo y a la actividad económica general.

Las familias enfrentan otro límite: la morosidad

A la menor velocidad del crédito se suma otro factor: la capacidad de los hogares para seguir endeudándose.

El BCRA informó que en julio el índice de irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 7,7%, mientras que la morosidad de las financiaciones correspondientes a las familias llegó al 12,9%. En las empresas, el indicador fue del 3,6%.

Estos números muestran que la expansión del financiamiento no depende únicamente de que los bancos tengan liquidez o reduzcan las tasas. También requiere que hogares y empresas tengan ingresos suficientes para asumir nuevas obligaciones y cumplir con las existentes.

En el caso de las familias, además, una mayor utilización del crédito puede convertirse en una herramienta para sostener el consumo cuando los ingresos no alcanzan, pero también puede aumentar el nivel de endeudamiento.

Un dilema entre crédito y desinflación

El debate económico queda así planteado entre dos objetivos que pueden avanzar simultáneamente, pero que también pueden entrar en tensión: recuperar el crédito para impulsar la actividad y evitar que esa expansión genere presiones adicionales sobre los precios.

Los datos oficiales muestran que el financiamiento al sector privado alcanzó niveles superiores a los de años anteriores, aunque durante julio y agosto perdió parte del impulso que había mostrado.

Mientras el Gobierno continúa priorizando la estabilidad monetaria y concentra sus medidas de estímulo crediticio en determinados segmentos —como el hipotecario—, algunos economistas cuestionan que esa estrategia sea suficiente para generar una recuperación más amplia del consumo.

Por ahora, los números no muestran un desplome del crédito, pero sí una desaceleración después de un período de fuerte crecimiento. El desafío para el Gobierno será determinar cuánto financiamiento puede absorber la economía argentina sin poner en riesgo el proceso de desinflación que ocupa el centro de su programa económico.

Fuente: BCRA, CEPEC, Ámbito y Argentina.gob.ar.

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