Etiquetado frontal: ajustar la norma para no perder salud

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En el contexto del debate abierto en torno a la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, el etiquetado frontal volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública. Apoyado en evidencia científica y respaldado por la OMS, el doctor en Ciencias de los Alimentos, Guillermo Manrique, señala la efectividad del rotulado de advertencia frente a enfermedades no transmisibles como diabetes, hipertensión, cardiovasculares, obesidad y algunos tipos de cáncer. A nivel país, representan el 72% de las muertes anuales. Además, plantea optimizaciones técnicas para resguardar el derecho a la información sin derogar la normativa.

Por Dr. Guillermo Manrique (*)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el etiquetado frontal de advertencia en alimentos envasados constituye una herramienta eficaz para enfrentar la epidemia global de enfermedades no transmisibles, entre ellas las afecciones cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la hipertensión y algunos tipos de cáncer, además de la obesidad.

A través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su oficina regional para las Américas, ha señalado que los sellos de advertencia nutricional (como los octágonos negros) representan el modelo que mejor responde a los objetivos de salud pública, por encima de otros sistemas como el semáforo nutricional adoptado en distintos países. Esta postura se sustenta en varios argumentos.

Primero, un criterio de cumplimiento de metas de ingesta: se busca que la población identifique con facilidad los productos con exceso de nutrientes críticos (azúcares libres, grasas saturadas, grasas totales, grasas trans y sodio) para ajustar su consumo a los límites recomendados.

Segundo, una base científica, ya que la OPS diseñó un Modelo de Perfil de Nutrientes fundamentado en las pautas de ingesta de la OMS, empleado como referencia técnica por los gobiernos.

Tercero, se invoca el derecho a la salud y a la información, en especial la protección de la niñez frente a productos potencialmente dañinos. Finalmente, se defiende la soberanía sanitaria de los Estados para adoptar estas medidas, incluso más allá de lo establecido por el Codex Alimentarius. Superior, en escala comparativa.

A nivel mundial coexisten distintos modelos de etiquetado frontal. Estados Unidos usa sistemas no interpretativos (GDA, Facts Up Front) que reproducen datos numéricos y exigen mayor esfuerzo cognitivo, por lo que suelen ignorarse o interpretarse mal. Reino Unido aplica el Semáforo Nutricional, interpretativo, pero menos eficaz que los octágonos, ya que genera confusión ante colores contradictorios y se procesa más lento. Francia y otros países europeos utilizan el Nutri-Score, cuya calificación global (A-E) no permite identificar excesos en nutrientes específicos. Los países nórdicos emplean el logo voluntario Keyhole, que solo resalta opciones saludables sin advertir sobre nutrientes críticos.

La evidencia comparativa converge en tres aspectos: la superioridad del octágono para captar atención e identificar productos nocivos; su menor esfuerzo cognitivo mediante atajos mentales, frente a modelos que requieren cálculos; y su mayor impacto en las decisiones de compra, con reducción efectiva de ventas de productos con excesos críticos.

Su efectividad, dentro y fuera de la región

El octágono negro logró efectividad en Chile por su diseño simple y su capacidad de captar la atención de forma inmediata. Tres factores lo explican: apela a tácticas heurísticas, funcionando como una etiqueta directiva de mínima interpretación que agiliza la identificación de excesos; se asocia a señales de advertencia (el formato tipo “señal de detención”); superó en pruebas a otros diseños, como el de una mano, en visibilidad y capacidad de modificar el comportamiento del consumidor) y ofrece alto contraste mediante el blanco y negro, evitando colores como el rojo o el verde, que podrían estimular el apetito o sugerir falsamente que un producto es saludable.

Desde su implementación en Chile en 2012, el modelo se extendió por América Latina: Argentina, México, Perú y Uruguay adoptaron octágonos con advertencias como “EXCESO EN”; o “ALTO EN”; México fue el primer país en adoptar formalmente el Modelo de Perfil de Nutrientes de la OPS. Venezuela incorporó advertencias para sodio en 2020. Fuera de la región, Israel adoptó un sistema similar. Bolivia, Colombia y Canadá avanzan en procesos legislativos afines, mientras Brasil optó por un diseño rectangular distinto del octágono tradicional.

La mayoría de los estudios se centran en resultados a corto plazo (cambios en hábitos de compra y reformulación), mientras que el impacto sobre la incidencia de enfermedades no transmisibles se proyecta a largo plazo. En Chile, las etiquetas redujeron efectivamente las ventas de productos altos en calorías, azúcares, sodio y grasas saturadas, con una percepción familiar de hábitos más saludables. En México, modelos predictivos estiman una reducción de casi 15% en obesidad tras seis años de vigencia. Aunque hay evidencia sólida sobre la disminución del consumo de nutrientes críticos, la medición directa de la incidencia de ENT aún depende de estudios de seguimiento.

La industria, especialmente pymes e importadores, objeta los costos de implementación, lo que derivó en esquemas graduales y etiquetas adhesivas. La OPS sostiene que estos costos son amortizables a corto plazo y menores frente a los cambios de etiquetado por motivos comerciales.

El modelo argentino

En Argentina, la Ley 27.642 y su Decreto Reglamentario 151/2022 establecen el marco normativo del Rotulado Nutricional Frontal, orientado a garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada mediante información clara sobre alimentos envasados y bebidas analcohólicas. El sistema aplica un Perfil de Nutrientes basado en estándares de la OPS, identificando excesos de azúcares añadidos, sodio, grasas totales y saturadas, con un sello adicional de “EXCESO EN CALORÍAS”; cuando corresponde. También exige leyendas precautorias para edulcorantes y cafeína, especialmente por sus efectos en la población infantil.

La normativa detalla criterios técnicos precisos: el análisis se aplica al producto listo para consumo, se distingue entre azúcares totales y añadidos (incluyendo jarabes, miel y concentrados de frutas) y las advertencias deben presentarse como octógonos negros con letras blancas, en tamaño proporcional al envase. Asimismo, restringe la comunicación comercial de productos con sellos, prohíbe destacar cualidades positivas de nutrientes en exceso y prohíbe totalmente la publicidad dirigida a niños y adolescentes.

El sustento epidemiológico de esta regulación responde a la modificación de los patrones de consumo y al aumento de las Enfermedades No Transmisibles (ENT) en Argentina, las cuales representan el 72% de las muertes anuales en el país. Datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud 2019 indican que gran parte de la población consume niveles excesivos de sodio, azúcares y grasas, mientras que el consumo de alimentos naturales como frutas y verduras se encuentra por debajo de las recomendaciones.

La implementación del etiquetado frontal busca mitigar este panorama facilitando la identificación de productos con perfil nutricional desfavorable, dado que los estudios indican que solo una baja proporción de la población comprende las tablas nutricionales tradicionales.

Hacia una ley optimizada

Frente a los desafíos operativos de la Ley 27.642, existen alternativas técnicas que permitirían sostener sus objetivos de salud pública sin recurrir a una desregulación total.

Entre ellas se destaca la recalibración del Sistema de Perfil de Nutrientes, incorporando límites por gramaje además del aporte energético, lo que mejoraría la precisión diagnóstica de las etiquetas. También se plantea una armonización gradual con los estándares del Mercosur, ajustando descriptores técnicos para facilitar el comercio regional sin renunciar a la vigilancia sanitaria.

Otra vía propuesta es la conformación de comisiones auditoras integradas por especialistas en nutrición, bromatología, epidemiología, ciencia y tecnología de alimentos y representantes del sector productivo, que permitan actualizar los puntos de corte y las leyendas de advertencia según evidencia disponible.

Asimismo, se sugiere preservar los capítulos vinculados a la oferta alimentaria en establecimientos educativos, separando este aspecto del debate estrictamente comercial.

Finalmente, se propone desacoplar la tabla nutricional del rotulado frontal, manteniendo el desglose de azúcares añadidos independientemente de eventuales modificaciones en los octógonos.

Desde esta perspectiva, el debate sobre el rotulado frontal representa una oportunidad para revisar y optimizar aspectos técnicos de la normativa, sin perder de vista el objetivo que le dio origen: proteger la salud pública mediante información clara, accesible y respaldada por evidencia científica.

(*) Guillermo Manrique es Dr. en Ciencia de los Alimentos, profesor asociado de la UNICEN en las facultades de Ingeniería (Olavarría) y de Ciencias Veterinarias (Tandil).

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