La profunda recesión que atraviesa el sector industrial argentino sigue destruyendo las bases del empleo registrado. Un revelador estudio privado realizado por la firma TN&Platex sobre una muestra de 905 operarios desvinculados de sus plantas fabriles expuso la dramática realidad social de la actividad: más de la mitad de los trabajadores que perdieron su puesto laboral continúa desocupada, mientras que aquellos que lograron generar algún tipo de ingreso lo hicieron bajo condiciones de extrema precariedad y desprotección estatal.
El informe privado cobra una relevancia institucional alarmante al cruzarse con las estadísticas globales del sector. De acuerdo con los registros de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad acumula una pérdida aproximada de 22.000 puestos de trabajo formales desde diciembre de 2023.
Esta fuerte contracción consolida a la manufactura textil como uno de los sectores más severamente castigados por la combinación de tres factores macroeconómicos concurrentes: el desplome sostenido de la producción, la retracción del consumo interno en los hogares y la apertura a la importación de productos terminados.
Al desglosar las encuestas efectivas, que alcanzaron a 612 exmiembros de la compañía, los resultados reflejan que el 54% de los consultados permanece formalmente desempleado. Dentro del universo de operarios que consiguieron reinsertarse en el circuito económico, el panorama exhibe un notable sesgo hacia la precarización, ya que el 57% debió volcarse de manera obligada al trabajo independiente o cuentapropista.
En contraste, apenas el 43% logró ingresar nuevamente a una empresa bajo relación de dependencia, lo que significa que en términos reales solo dos de cada diez personas que fueron despedidas recuperaron un puesto de trabajo formal y con derechos laborales.
La investigación de la firma textil enciende las alarmas de los sindicatos debido al avance exponencial de la informalidad. El relevamiento determinó que el 86% de quienes mutaron hacia el cuentapropismo desarrolla su actividad comercial sin ningún tipo de registración fiscal ni aportes previsionales.
Esta tasa de desprotección desciende de forma drástica al 7% cuando se analiza al grupo minoritario que logró conseguir un empleo formal en firmas reguladas bajo convenios colectivos de trabajo.
La brecha de reinserción se profundiza de manera alarmante cuando entran en juego variables como la edad y la especialización de la mano de obra. El desempleo crónico afecta al 72% de los trabajadores desplazados que tienen entre 50 y 59 años, y se dispara hasta un preocupante 82% entre los mayores de 60 años.
Asimismo, la pérdida de capital humano es evidente en las franjas de mayor experiencia fabril, donde dos de cada tres empleados que acumulaban una trayectoria superior a los once años de antigüedad en las líneas de producción permanecen actualmente fuera del mercado de trabajo.
La crisis operativa de TN&Platex, que incluyó cierres temporales, suspensiones y cesantías en diversas provincias, no constituye un fenómeno aislado sino un reflejo del proceso de desindustrialización regional. El entramado textil de Tierra del Fuego sirve como un crudo ejemplo de esta tendencia, donde de las once plantas textiles que operaban históricamente en la isla hoy solo logran mantenerse en actividad cuatro firmas, arrastrando una caída en la dotación de personal que pasó de más de 900 operarios a un piso histórico de apenas 245 trabajadores.
Desde las conducciones gremiales observan con máxima preocupación este escenario, advirtiendo que detrás de cada persiana de fábrica que se baja no solo se destruye empleo registrado, sino que se degrada de forma permanente el tejido social del país.
Fuente: Mundo Gremial


