23.3 C
Olavarría
jueves 26 febrero 2026

El poder oculto de la siesta: cómo un descanso breve protege el corazón

Más leídos

Estudios científicos vinculan el hábito de dormir después del almuerzo con menor riesgo cardiovascular y mayor longevidad.


En distintas regiones del mundo reconocidas por su alta esperanza de vida, la siesta diaria aparece como una práctica habitual asociada al bienestar físico y mental. Investigaciones recientes señalan que un descanso breve tras el almuerzo no solo mejora el rendimiento cognitivo, sino que también puede reducir de manera significativa el riesgo de enfermedades cardiovasculares.


Uno de los estudios más citados fue publicado en la revista Archives of Internal Medicine, donde se analizó durante seis años a más de 23.000 adultos en Grecia. Los resultados mostraron que quienes dormían siesta al menos tres veces por semana durante 30 minutos o más presentaban un 37% menos de riesgo de morir por enfermedad coronaria —incluidos infarto y accidente cerebrovascular— en comparación con quienes no tenían este hábito.


El patrón de las “zonas azules”


El hallazgo coincide con las rutinas observadas en las llamadas “zonas azules”, concepto difundido por el investigador y escritor Dan Buettner, colaborador de National Geographic. Estas regiones —como Cerdeña, Okinawa, Loma Linda, Icaria y Nicoya— concentran una proporción inusualmente alta de personas centenarias.
Según Buettner, la longevidad no implica solo vivir más años, sino hacerlo con calidad de vida. En ese marco, la siesta aparece como una estrategia sencilla y culturalmente integrada que contribuye a reducir el estrés y favorecer la salud cardiovascular.


Beneficios cognitivos y genéticos


Los efectos positivos del descanso diurno no se limitan al corazón. Diversos estudios internacionales destacan que una siesta breve mejora la concentración, la memoria y el estado de ánimo, además de disminuir la fatiga.


Una investigación liderada por el Massachusetts General Hospital, afiliado a Harvard University, y publicada en Nature Communications, identificó más de 120 regiones genéticas vinculadas a la predisposición a dormir siesta. El trabajo, basado en datos de más de 450.000 personas, sugiere que este hábito tiene también un componente biológico.


Instituciones médicas como la Cleveland Clinic y la Harvard Medical School coinciden en que las siestas cortas —de entre 20 y 30 minutos— ayudan a mejorar la función cognitiva sin afectar el sueño nocturno. En la misma línea, la Mayo Clinic recomienda limitar la duración del descanso para maximizar beneficios y evitar interferencias con el descanso principal.


Una herramienta preventiva accesible


Metaanálisis recientes confirman que las siestas de menos de 60 minutos diarios se asocian con una reducción significativa del riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad por todas las causas. La evidencia respalda así el potencial preventivo de este hábito sencillo, especialmente cuando se integra de forma regular a la rutina.


En países como España, la siesta forma parte de la tradición cultural y social. Sin embargo, más allá de las costumbres, la ciencia comienza a consolidar el consenso: incorporar un breve descanso después del almuerzo puede ser una herramienta eficaz, accesible y no farmacológica para mejorar la salud integral y sumar años de vida con bienestar.

Fuente Infobae

- Advertisement -spot_img

Más noticias

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Últimos artículos