Darío Lopérfido murió este viernes como consecuencia de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad neurodegenerativa que él mismo había hecho pública en un artículo de tono descarnado y personal. Tenía 61 años.
No fue un dirigente más. Su trayectoria estuvo signada por una voluntad constante de modernizar las estructuras culturales, pero también por una personalidad frontal que lo llevó a protagonizar algunos de los cruces ideológicos más profundos de la historia reciente argentina.
La ELA: una despedida sin «épica»
Fiel a su estilo provocador y alérgico a los eufemismos, Lopérfido había decidido contar su diagnóstico en un artículo publicado en el sitio Seúl.
En ese texto, que hoy cobra una dimensión de testamento personal, rechazó la narrativa tradicional de la «lucha» contra la enfermedad.
«Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado… El problema de la ELA es que es una enfermedad sin épica», escribió, diferenciándola de otros cuadros clínicos que permiten un relato de superación.
De la «Generación Sushi» al Teatro Colón
Nacido en 1964, su ascenso político se dio durante la presidencia de Fernando de la Rúa, donde formó parte del Grupo Sushi, aquel núcleo de jóvenes asesores que buscaban oxigenar al radicalismo con una impronta más urbana y cosmopolita. Fue secretario de Cultura y de Medios de la Nación, años en los que también fue noticia por su relación con la recordada artista María Gabriela Epumer.
Años más tarde, se convirtió en una pieza clave del andamiaje cultural de Mauricio Macri, primero como ministro de Cultura de la Ciudad y luego como director general del Teatro Colón. Bajo su mando, la sala principal del país vivió un proceso de internacionalización y reorganización administrativa, aunque no estuvo exento de fricciones con los cuerpos estables y los gremios del teatro.
El peso de la polémica
Su carrera en la función pública porteña terminó abruptamente en 2016, tras unas declaraciones en las que cuestionó la cifra de desaparecidos durante la última dictadura militar.
Aquel episodio generó un repudio masivo de organismos de Derechos Humanos y sectores de la cultura que terminó con su renuncia. No obstante, Lopérfido nunca se retractó, sosteniendo que su intención era promover una revisión histórica libre de «utilizaciones políticas».
Un intelectual de ideas liberales
En sus últimos años, alejado de los cargos ejecutivos pero muy activo en el debate de ideas, Lopérfido se consolidó como un referente del pensamiento liberal y crítico del populismo. Sus columnas de opinión y sus intervenciones en redes sociales mantuvieron siempre ese tono irónico y desafiante que lo caracterizó desde sus inicios en el periodismo.
En el plano personal, tras su mediático matrimonio con Esmeralda Mitre, encontró estabilidad junto a Vinnie Blache Spencer, con quien tuvo a su hijo Theo en 2019.
Su fallecimiento cierra un capítulo de la gestión cultural argentina donde la audacia operativa y la confrontación ideológica caminaron siempre de la mano.


