Un informe difundido por UNICEF encendió señales de alarma sobre el crecimiento de las apuestas online entre adolescentes. Según el relevamiento, 8 de cada 10 jóvenes encuestados reconocieron haber ingresado a sitios de juego en el último año o conocer a alguien que lo hizo, mientras que un 37% admitió apostar de manera frecuente o diaria.
Los datos, difundidos en el marco del Día Mundial del Aprendizaje Digital, reflejan la expansión de la ludopatía en edades cada vez más tempranas y plantean interrogantes sobre el rol de la tecnología, la escuela y las familias en la prevención.
Un acceso cada vez más fácil
Las plataformas de apuestas funcionan mediante registros simples desde el celular, con posibilidad de cargar dinero a través de cuentas bancarias o billeteras virtuales. Entre las opciones más populares se encuentran los juegos de azar tradicionales y, especialmente, las apuestas deportivas.
Este último formato resulta particularmente atractivo para los jóvenes, ya que combina el fanatismo por un equipo con la posibilidad de obtener ganancias, generando una experiencia cargada de adrenalina.
A esto se suma una fuerte estrategia comercial: bonos de bienvenida, promociones y descuentos que reducen la percepción de riesgo y facilitan el primer acceso. El resultado es un entorno disponible las 24 horas, diseñado para captar y retener usuarios.
Tecnología y prevención
Especialistas advierten que existen herramientas concretas para limitar el acceso de menores. Entre ellas, los sistemas de control parental permiten bloquear sitios de apuestas y monitorear la actividad online.
Además, se plantea la necesidad de que las propias plataformas refuercen los mecanismos de verificación de edad. En ese sentido, el uso de inteligencia artificial podría contribuir a detectar cuentas utilizadas por menores.
El rol de la escuela y la familia
Desde el ámbito educativo, se promueve la implementación de programas de concientización con talleres y charlas orientadas a adolescentes. La detección temprana y la generación de espacios de diálogo son claves para prevenir conductas problemáticas.
En el entorno familiar, los especialistas recomiendan evitar la prohibición como única estrategia y apuntar a tres ejes principales: educación, supervisión y uso de herramientas tecnológicas.
Hablar abiertamente sobre los riesgos del juego, interesarse por las actividades digitales de los jóvenes y establecer límites claros aparecen como medidas centrales para abordar el problema.
Señales de alerta
Cambios bruscos en el comportamiento, secretismo con el uso del celular o variaciones en el estado de ánimo pueden ser indicadores de una relación problemática con el juego.
En ese marco, los expertos coinciden en que la respuesta debe centrarse en el acompañamiento y el diálogo, antes que en la sanción, para evitar que el problema se profundice en silencio.
Fuente TN


