Mientras el Estado retiene miles de millones destinados por ley a radios y canales sin fines de lucro, modifica fondos para beneficiar a actores privados. En juego está la pluralidad, la diversidad y el derecho a una comunicación que dialogue con el territorio.

(Información obtenida a partir de los audios y contenidos de la Agencia FARCO)
En un contexto de creciente concentración mediática, los medios comunitarios enfrentan un ataque sistemático a su supervivencia económica y editorial. A través de una resolución gubernamental, se eliminó el Fondo de Fomento Concursable para Medios Audiovisuales (FOMECA) –creado por ley para fortalecer a emisoras indígenas, de frontera y sin fines de lucro– y se lo reemplazó por un nuevo fondo que habilita subsidios a empresas privadas e incluso a voceros oficialistas a través de plataformas digitales.
Según denunció Néstor Busso, referente de políticas públicas de comunicación de FARCO, en declaraciones a la Agencia FARCO, esta medida no solo viola la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sino que se enmarca en una política de ahogo financiero que ya lleva más de dos años. El ENACOM, ente regulador, ha retenido ilegalmente cerca de 15 mil millones de pesos recaudados mediante un gravamen que las propias radios comunitarias siguen pagando.
Un fondo que cambia de manos
La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual establecía que el 10% de lo recaudado por un impuesto a las licencias de radio y televisión debía destinarse, a través del FOMECA, a medios sin fines de lucro, comunitarios, indígenas y de frontera. Sin embargo, una resolución oficial derogó su reglamento y creó el “Fondo de Promoción de la Producción Audiovisual”, que amplía los beneficiarios a personas físicas y entidades comerciales.
“En los fundamentos nos hace sospechar de que pretenden otorgar fondos a nuevos ecosistemas de internet, de streaming, a los voceros del gobierno que actúan descaradamente a través de redes digitales”, afirmó Busso en los audios proporcionados por FARCO.
La deuda que silencia
Mientras se redefine el destino de los fondos, el Estado mantiene una deuda millonaria con proyectos ya aprobados y ejecutados. “Durante dos años el ENACOM no respondió a los requerimientos, ni a la ejecución de proyectos ya ganados por concurso”, explicó Busso. Además, señaló que cerca de 15 mil millones de pesos fueron retenidos indebidamente, dinero que debió distribuirse entre medios de todo el país.
“Es malversación de fondos –agregó– porque estaban comprometidos para un fin específico y no se usaron”. Esta retención ha dejado a muchas radios y canales comunitarios al borde del cierre, imposibilitados de renovar equipos, pagar servicios o producir contenido local.
Medios comunitarios: voces que tejen territorio
Frente a la lógica homogenizadora de los grandes grupos mediáticos, los medios comunitarios construyen narrativas desde y para sus comunidades. Tienen presencia en barrios, pueblos originarios, zonas rurales y periferias urbanas donde la prensa comercial no llega. Son espacios de formación, de rescate cultural, de debate local y de defensa de derechos.
Sin embargo, esta capilaridad territorial no se traduce en recursos. Mientras los grandes medios acceden a pauta pública y generan ingresos por mercado, las radios y televisiones comunitarias dependen –en gran medida– de fondos públicos concursables diseñados para equilibrar el ecosistema comunicacional. Su desfinanciamiento no es solo un problema económico; es un vaciamiento de la diversidad discursiva que toda democracia necesita.
Un reclamo que se organiza
Ante este escenario, las redes de medios comunitarios como FARCO han presentado recursos administrativos, enviado cartas documento y elevado denuncias a organismos internacionales. “Seguiremos reclamando, uniéndonos a los distintos sectores de la cultura que estamos siendo atacados”, sostuvo Busso.
La lucha no es solo por un fondo, sino por el reconocimiento de que sin medios diversos y arraigados no hay democracia plena. Cada medio comunitario silenciado es una historia local que deja de contarse, una perspectiva que se pierde en el relato hegemónico. (InfoNoticias)


