Un informe reciente del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ubicó la pobreza en el 28,2% al cierre del segundo semestre de 2025. Sin embargo, distintas miradas advierten que esa caída abre más interrogantes que certezas, en un contexto donde los salarios pierden frente a la inflación y se registran despidos.
El análisis pone en duda que la reducción del indicador refleje una mejora real en las condiciones de vida. Según se señala, no hay variables como el empleo, el consumo o los ingresos laborales que respalden de manera consistente ese descenso.
Cómo se mide la pobreza
En la Argentina, la pobreza se calcula a partir de un criterio estrictamente monetario: los ingresos del hogar. El parámetro central es la Canasta Básica Total (CBT), que define el umbral mínimo necesario para cubrir bienes y servicios esenciales.
Actualmente, ese valor ronda los $1.400.000 para una familia tipo, sin contemplar el alquiler. Esto implica que cualquier hogar que no alcance ese ingreso mensual es considerado pobre.
El impacto de los cambios metodológicos
Uno de los puntos centrales del debate es la modificación en la forma de medir los ingresos. Desde fines de 2024, el INDEC comenzó a incluir en el cálculo transferencias del Estado, como asignaciones sociales y programas de asistencia.
Este cambio amplía la base de ingresos considerados y, según distintos análisis, podría explicar parte de la baja en el índice. Hasta ese momento, esos recursos no se computaban de la misma manera, lo que dificulta la comparación directa con períodos anteriores.
Salarios, inflación y empleo
El contexto económico suma tensión al debate. Mientras los ingresos informales habrían tenido cierta recuperación, los salarios registrados —tanto públicos como privados— continúan perdiendo frente a la inflación.
A esto se suma un escenario de mayor inestabilidad laboral, con despidos en distintos sectores, lo que refuerza las dudas sobre si la caída de la pobreza refleja una mejora estructural o responde principalmente a cambios en la medición.
En ese marco, el dato oficial convive con una discusión abierta: si bien el indicador muestra una reducción, persisten cuestionamientos sobre su representatividad frente a la realidad económica cotidiana.
Fuente Página 12


