China avanzó con nuevas directrices para frenar la guerra de precios en su industria automotriz y proteger la rentabilidad de las marcas. El cambio de paradigma podría impactar en los valores de los vehículos importados al país, donde la presencia de marcas chinas creció de manera exponencial en el último año.

La industria automotriz china atraviesa un giro regulatorio que podría tener efectos directos en los mercados internacionales, incluida la Argentina. Pekín publicó un borrador de directrices para poner fin a la competencia “desordenada” y a la erosión de márgenes que caracterizó al sector, en especial en el segmento de vehículos electrificados.
La medida busca frenar prácticas como la venta por debajo del costo de producción para ganar mercado y la “colusión de precios” entre fabricantes y proveedores de autopartes. El objetivo es recomponer la salud financiera de la industria a largo plazo, luego de años de una guerra de precios impulsada por el exceso de capacidad productiva, sobre todo en vehículos eléctricos, baterías y componentes clave.
De acuerdo con el informe “2026 Automotive Analyst Outlook” de S&P Global Mobility, el mercado chino vivió en 2025 un período de “competencia extrema”, con márgenes cada vez más ajustados y contratos a pérdida para sostener volúmenes de producción. En ese contexto, la exportación se convirtió en una válvula de escape: las automotrices colocaron unidades en mercados emergentes para reducir inventarios y mantener las plantas en funcionamiento, aun con precios bajos.
Este fenómeno explica en parte el fuerte desembarco de marcas chinas en la Argentina durante el último año. Según datos del sector, de los más de 579 mil vehículos patentados en 2025, unos 12.700 correspondieron a marcas de origen chino, lo que representa el 2,2% del total del mercado. Sin embargo, en los últimos meses del año esa participación llegó a superar el 5% en el segmento de livianos, con un crecimiento interanual de más del 500%.
A la expansión se sumaron factores internos, como una mayor apertura a las importaciones, el cupo de vehículos electrificados sin aranceles y cambios impositivos que facilitaron el ingreso de nuevas marcas como BYD, MG, GAC, Changan, Geely y Forthing, además de otras ya instaladas como Chery, Haval y Baic.
El nuevo rumbo chino podría modificar esa dinámica. Analistas internacionales advierten que, si Pekín logra estabilizar los precios internos y disciplinar la competencia, los valores de exportación podrían dejar de caer e incluso aumentar. Para mercados pequeños como el argentino, eso implicaría una posible suba en los precios de los vehículos importados desde China y una reconfiguración en la estrategia de expansión de estas automotrices.
En paralelo, el giro se enmarca en un cambio más amplio del modelo de desarrollo industrial chino. En su 15º plan quinquenal (2026-2030), el país dejó de considerar a los vehículos eléctricos como una industria estratégica prioritaria y puso el foco en sectores como la tecnología cuántica, la biofabricación, la energía del hidrógeno y la fusión nuclear.
Con este escenario, la competitividad de precios que permitió a las marcas chinas ganar terreno en la Argentina podría verse afectada en los próximos meses, abriendo un nuevo capítulo en el mercado automotor local y en la evolución de los valores al público.
Fuente: Diario La Nación


