La suspensión definitiva del servicio ferroviario de pasajeros que unía Constitución con Bahía Blanca marcó un nuevo retroceso para el sistema ferroviario y dejó consecuencias directas en las ciudades del interior.

Un servicio que se apagó en silencio
El tren de pasajeros que durante décadas conectó el sur bonaerense con la Capital Federal dejó de circular de manera definitiva, en el marco de una política nacional que redujo y eliminó servicios de media y larga distancia. La medida afectó a múltiples localidades del recorrido, entre ellas Olavarría, Azul y Bahía Blanca, donde el ferrocarril cumplía no solo una función de transporte, sino también un rol social y laboral clave.
Desde marzo de 2023 el servicio ya se encontraba interrumpido, y en los últimos meses se confirmó su cierre definitivo, junto con el vaciamiento progresivo de estaciones y dependencias ferroviarias.
Puestos de trabajo perdidos en nuestra ciudad
En el caso de Olavarría, el impacto se tradujo en la reducción del personal de la estación ferroviaria. De los siete trabajadores que cumplían funciones, tres perdieron su puesto de trabajo tras la cancelación del servicio. La disminución del plantel no solo afectó a las familias involucradas, sino que también dejó a la estación con una dotación mínima y sin certezas sobre su continuidad operativa.
La situación se replica en otras localidades del recorrido, donde la pérdida del tren implicó el achicamiento o directamente la desaparición de las fuentes laborales vinculadas al ferrocarril.
Bahía Blanca: una estación histórica sin empleados
El escenario más crítico se registra en Bahía Blanca. Allí, sobre un total de 25 puestos de trabajo, 17 fueron eliminados, lo que derivó en el cierre operativo de la estación Sud. Actualmente, el edificio permanece sin personal ferroviario y bajo custodia de la Policía Federal, pese a su condición de monumento histórico nacional.
La jubilación del último jefe de estación marcó el final de más de un siglo de funcionamiento ininterrumpido del servicio ferroviario en la ciudad, generando fuertes reclamos de trabajadores y referentes del sector ante el riesgo de abandono y desmantelamiento del patrimonio ferroviario.
Azul y las estaciones intermedias
En Azul, el impacto también fue concreto: de dos trabajadores, uno perdió su empleo. En las estaciones secundarias del ramal, la situación fue aún más drástica. Allí, donde cumplía funciones un solo empleado por estación, la totalidad de los puestos fue eliminada, dejando edificios cerrados y sin presencia ferroviaria.
Este proceso consolidó un esquema de vaciamiento que afecta de manera desigual, pero persistente, a las localidades del interior bonaerense.
Incertidumbre y falta de información
Uno de los elementos que más preocupa a los trabajadores que aún conservan su puesto es la escasa información oficial y sindical. Hasta el momento, no existen explicaciones claras sobre los criterios utilizados para definir quiénes fueron despedidos y quiénes permanecen en funciones.
En paralelo, se instaló el temor a una segunda tanda de despidos, cuya eventualidad y plazos son desconocidos. La falta de comunicación alimenta la incertidumbre y profundiza la sensación de precariedad laboral en un sector históricamente ligado a la estabilidad y al arraigo territorial.
Un cierre que excede al transporte
El fin del tren de pasajeros a Bahía Blanca no solo implica la pérdida de un medio de transporte accesible y federal. También expone las consecuencias sociales del desmantelamiento ferroviario: menos conectividad, menos empleo y estaciones que pasan de ser espacios de encuentro a símbolos del abandono.
En ciudades como Olavarría, donde el ferrocarril formó parte de la identidad local, el silencio de las vías refleja una problemática más amplia, que combina decisiones nacionales, falta de planificación y un futuro incierto para quienes aún esperan explicaciones y respuestas concretas. (InfoNoticias)


